La guerra sucia digital contra Betzabé Martínez
Por: Juvenal Rosales
En la política moderna ya no basta con ganar elecciones, ahora también hay que ganar la batalla diaria en redes sociales, donde la verdad compite contra el rumor y donde la percepción suele pesar más que los hechos. Hoy, en Gómez Palacio, como en gran parte del país, el uso de perfiles falsos, páginas anónimas y cuentas dedicadas a la desinformación se ha convertido en un método frecuente para atacar, sembrar duda y desgastar a la alcaldesa Betzabé Martínez Arango.
Desde hace tiempo se han detectado publicaciones falsas que buscan dañar la imagen y el trabajo de la alcaldesa de gomezpalatina, donde en lugar de cuestionar con argumentos o debatir sobre resultados, algunos han optado por el camino más fácil, la mentira, el montaje y la manipulación emocional, aprovechando el terreno fértil que representan las redes sociales.
El caso más reciente fue la circulación de una imagen elaborada con Inteligencia Artificial en la que, falsamente, se afirmaba que el gobierno municipal aplicaría multas por llamar de determinada manera a la alcaldesa. La pieza fue diseñada para generar indignación, presentándola como una autoridad intolerante, autoritaria y enemiga de la crítica; narrativa fabricada, pero cuidadosamente construida para viralizarse.
Sin embargo, Betzabé Martínez negó categóricamente la información y calificó el contenido como lo que es, un montaje para engañar a la ciudadanía, cortando de tajo el intento de convertir la mentira en una “verdad repetida”, donde lo preocupante no es únicamente el ataque, sino la velocidad con la que estas falsedades se propagan.
En este punto, la alcaldesa fue enfática, su gobierno no ejercerá censura contra ningún medio, página o persona. Su postura es relevante porque en tiempos de polarización es fácil caer en la tentación de perseguir al crítico, incluso cuando el crítico no critica, sino inventa, por lo que ella ha optado por un mensaje institucional, no censurar, pero sí aclarar.
Martínez Arango se alinea con un planteamiento que incluso ha sido retomado desde la propia Presidencia de la República, combatir la mentira con información, no con mordazas, porque la libertad de expresión, aunque es un pilar inmaculado de cualquier democracia, no es absoluta.
En México, como en cualquier Estado de derecho, existen límites constitucionales cuando se daña el honor, la reputación o la vida privada de terceros, o cuando se incita a la violencia. La libertad de expresión no puede convertirse en permiso para destruir personas desde el anonimato.
En el ámbito político la libertad de expresión es fundamental, sí, pero también debe cuidarse que no se convierta en un canal para contenidos discriminatorios, hostiles o violentos. Esto cobra especial relevancia cuando se trata de mujeres en cargos públicos, porque la historia demuestra que el ataque hacia ellas suele incluir componentes de misoginia, insulto y desprecio sistemático.
Ahí entra otro tema delicado, la violencia política contra las mujeres en razón de género. Cuando el ataque no es contra una decisión administrativa, sino contra la condición de mujer, cuando se ridiculiza, se denigra o se intenta silenciar con campañas de odio, ya no estamos ante “crítica”, estamos ante una agresión política disfrazada de opinión.
La pregunta de fondo es: ¿por qué atacar con tanta insistencia? La crítica no siempre viene por los errores, sino por la competencia. Las políticas públicas exitosas generan incomodidad, especialmente en quienes apostaban al fracaso. Y en política, lo que incomoda se intenta desacreditar.
Betzabé, hoy se perfila como uno de los rostros más visibles de Morena en La Laguna, y sin duda uno de los perfiles más fuertes rumbo al 2028. Eso explica por qué algunos sectores ya comenzaron a tratarla no como autoridad municipal, sino como adversaria electoral anticipada.
En términos políticos, la gomezpalatina se está convirtiendo en un activo, y todo activo en ascenso genera resistencia. Por eso los ataques no son casualidad: buscan frenar su posicionamiento, desgastarla en lo mediático y sembrar dudas antes de que su liderazgo termine de consolidarse.
Lo irónico es que muchos de los ataques intentan construir la imagen de una alcaldesa censora, cuando lo que se observa es una postura distinta, dejar que hablen, pero no permitir que la mentira se convierta en verdad por repetición. En tiempos de Inteligencia Artificial, esta batalla es más urgente que nunca, porque hoy se puede fabricar “evidencia” falsa con una facilidad alarmante.
El reto para cualquier autoridad no es solo gobernar, sino comunicar. Porque en política siempre habrá críticas. La verdadera decisión no es evitarlas, es escoger si te critican por hacer lo correcto o por no haber hecho nada. La historia demuestra que el silencio y la pasividad no evitan ataques; simplemente hacen que el ataque sea más fácil, por ello, la alcaldesa de Gómez Palacio, prefiere no callar.
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