La autonomía perdida de la UJED y la renovación de su rectoría
Acontecer Político
Juvenal Rosales Flores
Este mes, la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED) se enfrenta a la elección de un nuevo rector, pero revive el debate que se inició el 28 de septiembre de 2010, cuando la máxima casa de estudios, para muchos, dejó de ser una universidad autónoma, un golpe profundo para la educación superior en la entidad y un cambio que marcó su historia de forma imborrable; sin embargo, existe una lucha férrea que se realizó en 1987 con la denominada “huelga de los 100 días”.
Aunque la comunidad universitaria ha visto promesas de recuperar la independencia en las últimas décadas, la realidad detrás de estas aspiraciones está llena de matices y contradicciones. Desde la pérdida de su autonomía la Máxima Casa de Estudios ha sido presa de intereses que han moldeado su rumbo y decisiones, limitando su capacidad de crecer y adaptarse a las demandas educativas actuales.
Sin embargo, en esta renovación de la rectoría 2024-2030, es común ver a candidatos lanzarse con un discurso sobre la “unidad universitaria” y la “autonomía”. Estas promesas suelen resonar bien en la comunidad universitaria, pero no pocas veces, son sólo eso: promesas. Muchos candidatos han aprovechado el desencanto y el anhelo de independencia para construir campañas basadas en ideales románticos de autonomía.
Hablan de devolver la universidad a sus orígenes, de proteger sus intereses académicos y de escuchar a los estudiantes, pero detrás de estas palabras, en varios casos, se ocultan compromisos y lealtades que poco tienen que ver con la educación y el bienestar institucional. De esta forma, la retórica sobre la autonomía y la unidad universitaria a menudo se convierte en un recurso electoral vacío. Esta situación genera un escepticismo creciente en la comunidad de la UJED.
Estudiantes, académicos y personal administrativo no sólo buscan palabras de aliento; buscan hechos concretos y liderazgo auténtico. Después de años de promesas incumplidas, el discurso por sí solo ya no convence. La falta de resultados visibles en términos de autonomía y mejora educativa ha convertido estas campañas en un ejercicio de desconfianza. La falta de autonomía ha tenido consecuencias profundas en la calidad de la educación y el ambiente académico de la UJED.
La demanda de autonomía, entonces, no debe quedar en palabras románticas. La UJED merece un líder que, más allá de los discursos, demuestre con hechos y decisiones un compromiso con el bienestar de la comunidad universitaria. El nuevo rector tiene en sus manos la posibilidad de transformar la universidad, pero solo si entiende que su rol es servir a la educación.
También, la comunidad universitaria debe estar atenta a las decisiones que se tomen en esta renovación de rectoría. Solo con una participación activa y crítica se podrá encaminar a la UJED hacia un futuro en el que la autonomía no sea solo una palabra en discursos, sino una realidad que permita a la institución crecer, innovar y recuperar el lugar que merece en el ámbito educativo.
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