Durante décadas, diversas regiones de Durango tuvieron un auge económico y poblacional a partir de su conexión con las vías ferroviarias que, con su desaparición, los convirtieron en pueblos fantasmas.
Javier Guerrero Romero, historiador y cronista de la Ciudad de Durango, resaltó que es principal esplendor lo vivieron las comunidades asentadas en la zona desértica de la entidad, como es el caso de estación Simon, en el municipio de San Juan de Guadalupe, que llegó a ser de las más grandes. Pero actualmente hay unas cuatro casas habitadas.
Situación que se se repitió en el tramo de Santiago Papasquiaro hacia Tepehuanes, que tenía una amplia vocación forestal y minera, pero que al cerrar el ferrocarril de pasajeros y quedar alejadas de la carretera, como estación Sandias, también propició poblados que quedaron casi abandonados.
La línea ferroviaria hacia El Salto catapultó a localidades como Empalme Purísima, Regocijo y Otinapa; que actualmente están resurgiendo gracias al ecoturismo, pero se vieron seriamente afectadas al caer el flujo de pasajeros.
Guerrero Romero fue claro al señalar que son poblados que siguen existiendo, pero las aspiraciones de sus habitantes quedaron liquidadas al perder su conexión férrea, como es el caso de Felipe Pescador, Cañitas, Estación Guadiana, Independencia y Libertad y Tuitán.
La Palabra del Giocondo
Morena adelanta el reloj: conquistar, resistir y administrar la ventaja.Por: Alejandro Flores de la ParraMorena encontró una peculiar manera...
