El menos común de los sentidos por Eduardo Rodriguez
No hay lana para la “Reforma Judicial” ¿así cómo?
Por más que los defensores del régimen y la propia presidenta de la República intenten exagerar los logros de su reforma judicial, que fue impulsada a base de mayorías artificiales en el Congreso, en la práctica ha sido un fracaso rotundo. Esto se debe a que, en realidad, es una idea concebida por López Obrador con el único propósito de encubrir sus intenciones de venganza contra el Poder Judicial, y en especial contra la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
La idea de elegir a los jueces mediante voto directo de la ciudadanía resultó ser mucho más difícil de implementar de lo que los más optimistas del gobierno habían previsto.
Ni siquiera el INE de Taddei ha podido con el desafío, y mucho menos si les recortan los recursos de los 14 mil millones de pesos que, según dicen, costará el proceso electoral.
Si la presidenta Claudia Sheinbaum en verdad quiere apoyar a los más pobres y en el escenario el gobierno carece de los ingresos suficientes para cubrir el creciente gasto exponencial que representa fondear todos los programas asistenciales y las obras que dejó inconclusas Andres Manuel López Obrador, y que muchas de ellas solo han servido para seguir sangrando el erario, debería mejor ahorrarse el costo de la elección de jueces, magistrados y ministros y canalizarlos para apoyar, por ejemplo, a las micro, pequeñas y medianas empresas en su desarrollo para producir todos los productos que importamos de China y con ello generar más empleos y pagar más impuestos.
Los verdaderos juristas y auténticos expertos en el tema apuntan que la selección de los juzgadores evidencia una fractura institucional que amenaza la independencia judicial.
Se constituyeron tres comités: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y resultó que se rigen por tres estandartes diferentes, ya que mientras el Poder Judicial evalúa con rigor técnico y exámenes escritos, el Congreso y el Ejecutivo inflan el padrón de postulantes con filtros light y bajo el crisol del ocultismo. Que es aquel que está plagado de discrecionalidad.
Esos filtros del oficialismo no impiden que los nuevos jueces provengan de grupos contrarios a los intereses de México o que sean apadrinados por células del crimen organizado con la capacidad de movilizar lo suficiente para obtener una constancia el día de la votación, porque no serán constancias de mayoría, solo de elección.
Es inevitable no pensar que cuando el Ejecutivo puede estimar a quien sea idóneo, sin exámenes ni criterios claros, abre la puerta a favoritismos y a la subordinación del Poder Judicial. Esto no solo pone en riesgo la autonomía de los jueces, sino que compromete el acceso ciudadano a una justicia imparcial.
La insaculación, disfrazada de imparcialidad, permite que los menos preparados lleguen a cargos más altos, mientras que los mejores perfiles queden relegados. En un país con 95 por ciento de impunidad, no podemos darnos el lujo de elegir a jueces sin experiencia o lealtad al Estado de derecho.
Eso afecta directamente a los ciudadanos: jueces sin preparación decidirán sobre nuestras vidas, libertades y derechos. Un sistema judicial cooptado o ineficiente se traduce en corrupción, impunidad y debilitamiento de la democracia.
El análisis del listado que presentaron el Ejecutivo y el Legislativo arroja resultados que dan risa y obvia preocupación, como el hecho del registro de personas que carecen de los mínimos conocimientos, ya no digamos para ser impartidores de justicia, sino para aprobar la carrera de abogado. Vamos, hay nombres triplicados… de ese tamaño.
Al fiel estilo de la 4T, en donde todo es mentira y simulación, y lo más grave de ello es que tiran recursos públicos millonarios a la basura con sus experimentos. Si es tanto el odio y el temor de contar con un Poder Judicial independiente y autónomo que incluso llame a cuentas al anterior presidente y secuaces, por qué mejor no hacen una lista de jueces afines y con ello se ahorran miles de millones de pesos y la vergüenza de cargar con una elección que desde su concepción evidencia que será desastrosa.
Ahora, para ser juez, se requiere mucha suerte para salir sorteado; pero si un interesado carece de ella, tan solo bastará ser cuate de alguien de la 4T con poder y listo, su tema ya está arreglado, aunque a la hora de hacer valer el orden constitucional carezca de los conocimientos y la experiencia para cumplir la alta encomienda. En manos de esos individuos estará el destino de los ciudadanos que tengan necesidad de dirimir sus diferencias ante un juez.
Tanto la instancia del amparo como el acudir a buscar la protección de la Comisión Nacional de Derechos Humanos están bajo los designios del régimen autocrático, entonces, ¿cómo se defenderá el ciudadano de a pie ante una injusticia o el atropello del poder público?
Peor aún, ¿cómo se defenderá la ciudadanía ante una sentencia que provenga del desconocimiento de la ley, la inexperiencia y la visera de un juez cuatroteista? Hasta el momento no ha habido figura capaz de explicar cómo este proceso garantiza un mejor y mayor acceso a la justicia; y el problema no es solo encontrar quien lo explique, sino que ni ellos mismos han encontrado la respuesta.
En fin, esa es la Cuarta Transformación, eso es Morena en su máximo esplendor.
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