Por Eduardo Rodríguez
¿Vamos muy bien?
Con resultados ambivalentes en un entorno muy adverso, la presidenta Claudia Sheinbaum llega a su Primer Informe de Gobierno gozando de una popularidad de 74 por ciento de aprobación de acuerdo a las más reciente encuesta realizada por El Financiero y ello, implica necesariamente que una buena parte de la población esta contenta con su gestión.
Sin embargo, ello no quiere decir que los graves problemas que lastiman a México tengan visos de solución en el mediano plazo como la seguridad pública, la economía, la regeneración del sistema de salud y educación que están colapsados, al igual que las dos empresas públicas del Estado: Pemex y CFE; además, las finanzas públicas presentan un estado grave de precariedad que compromete, incluso el fondeo de los programas sociales que en buena medida soportan la popularidad de la jefa del Ejecutivo Federal.
La doctora se sacó la rifa del tigre al recibir un gobierno quebrado y con gigantescos problemas que requerirán tiempo, dinero y sobre todo capacidad de gestión, ya que la herencia maldita que recibió de AMLO es de tal magnitud que no bastarán los seis años de gobierno para solucionarlos.
Aunado a ello, hay que decirlo como es: el secuestro del Poder Judicial tiene implicaciones graves en la certidumbre jurídica y el pleno respeto al orden constitucional.
El nuevo andamiaje jurídico que ha creado la 4T, efectivamente, daña al régimen democrático en aras de consolidar una incipiente autocracia.
La descomposición interna es un tema grave. El otro es la presión permanente que ejerce el presidente Donald Trump sobre su contraparte mexicana. Esto complica aún más el entorno económico, político, social y de gobernabilidad. Entre los aranceles y las sanciones que se imponen arbitrariamente a los productos mexicanos, asfixian a diversos sectores de la población.
El factor más preocupante que genera la ley del garrote de Trump es la incertidumbre que prevalece en la economía nacional, por la falta de definiciones en temas torales como la misma renegociación del T-MEC.
A la presidenta se le ordenó expresamente seguir con las mañaneras y con ellas pretender conformar un México irreal basado en mentiras y medias verdades, que al contrastarlas con los datos duros del propio gobierno, pues no concuerdan.
A casi un año de gobierno, todavía no vemos a la presidenta en todo su esplendor. Se nota maniatada por una camisa de fuerza que le impuso López Obrador. Es decir, a un año de que llegó al poder, no se aprecian las fortalezas, la personalidad propia y la visión de gobierno hacia 2030. Al contrario, se muestra una pésima versión del tabasqueño que pretendió un proyecto político de gobierno en donde la atención de la pobreza era la premisa fundamental; no obstante, esa promesa solo quedó en el discurso y asi seguirá por muchos años más, ya que el regalo del dinero público no revierte la pobreza y la marginación.
Las dádivas gubernamentales permiten por el momento gozar de popularidad; pero esta es un espejismo, mientras no se aliente la productividad y la incorporación de la población marginada a la inclusión social con acceso a trabajo bien remunerado, vivienda, salud, educación y recreación.
Si hay diferencias entre el gobierno de AMLO y el de Sheinbaum, como el diametral enfoque que existe entre ellos en materia de seguridad pública, en donde la estrategia de “abrazos, no balazos” lo giró que los criminales se empedraran de regiones del territorio nacional, ademas de incrustarse en las altas esferas del poder; en cambio ahora se observa un combate real contra los criminales y aunque Omar Garcia Harfuch y los principales mandos castrenses están comprometidos con la instrucción presidencial de pacificar al país, lo cierto es que se trata de una lucha desigual contra las capacidad económica, en armamento, inteligencia y cooptación de mandos militares y policiales por parte de los cárteles del crimen organizado que están asentados en todo México.
En lo económico la situación se vislumbra complicada, porque se carece de presupuesto para detonar la economía, sobretodo porque las grandes inversiones privadas ya no ven a México como un destino confiable y por ello han elegido invertir en otras regiones del orbe.
Entonces, no Presidenta, respondiendo a su pregunta… no vamos bien. Tristemente lo digo, pero no vamos bien.
@eduardguezh
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