Por: Eduardo Rodriguez
Generación Z: La nueva oposición que desafía al gobierno.
La movilización convocada por la Generación Z del pasado 15 de noviembre en diversas plazas del país trastocó los cimientos del gobierno de la 4T y develó su talante represor y autoritario, al tiempo de enraizar la polarización social y, por ende, el riesgo de ingobernabilidad que ya asoma en diversas entidades como Michoacán y Sinaloa.
Ni las encuestas cuchareadas, ni la propaganda ha protegido a un proyecto político que se infló artificialmente con mayorías calificadas creadas desde el Tribunal Electoral. El movimiento se desnuda y quedan solo los discursos repetidos por merolicos en redes sociales y programas sociales que carecen de originalidad pero comprometen las finanzas públicas de verdad.
Está claro que para el oficialismo solo hay una prioridad y esta es la de mantener el poder a toda costa y a través de todos los medios y ello, por supuesto, incluye la represión violenta y brutal contra los opositores, tal como ocurre en otras dictaduras de la región como Cuba y Venezuela.
El rostro descompuesto y la irritabilidad de la presidenta no se pudieron ocultar, y menos ahora que los jóvenes están envalentonados, y ello es de suma preocupación, porque era un sector de la población que tradicionalmente se mantenía alejado de expresiones políticas contra el gobierno.
A un año de gobierno, hemos presenciado el pasado fin de semana la primer movilización tumultuaria contra el gobierno, protagonizada por jóvenes y con la consigna de pedir más seguridad. Algo parecido sucedía en tiempos de Enrique Peña Nieto con el movimiento #YoSoy132 o después de Ayotzinapa. Aunque sus causas son distintas, comparten algunos simbolismos y sobretodo, volvieron a sacar a las calles a los jóvenes.
A pesar de que el gobierno de Claudia Sheinbaum sacó del baúl del populismo de izquierda todas las herramientas para desacreditar la marcha Z, como la infiltración de grupos violentos, la represión policiaca, el cierre de casi todos los accesos al Zócalo, la estigmatización de los jóvenes como carne de cañón de intereses político partidistas, la siembra de miedo, la desacreditación de la marcha por parte de medios de comunicación afines al gobierno, una costosa campaña de bots en redes sociales y el espionaje, entre otros artilugios de las dictaduras, no logró su propósito, sino al contrario, inyectó un nuevo ánimo entre los opositores para volver a tomar las calles.
Dijo Sheinbaum que casi no acudieron jóvenes a la marcha y que ni siquiera llenaron la principal plaza pública del país, cuando fueron ellos los que impulsaron la movilización a través de las redes sociales y resistieron estoicamente el embate de los granaderos y las agresiones de un gobierno represor que se jacta de respetar las libertades mientras estas sean de sus grupos afines.
No se puede tapar el sol con un dedo, las fotografías y vídeos de las protestas desmienten la versión oficial. Ni el más ingenuo cree que la movilización de la Generación Z pasó desapercibida en territorio nacional. Las protestas de los jóvenes en México las conectan con las protestas recientes en Indonesia, Nepal y Filipinas, donde utilizaron el símbolo de la Jolly Roger de “One Piece” como expresión global de inconformidad juvenil y resistencia cultural.
Por supuesto que a la marcha Z se sumaron miles de ciudadanos opositores al gobierno, como los integrantes del movimiento denominado “El Sombrero”. Su líder, Carlos Manzo, fue asesinado hace unos días.
Pero también se sumaron campesinos; trabajadores de gobierno; madres buscadoras; familiares de pacientes enfermos; transportistas; clases medias y un largo etcétera que incluye, por supuesto, a priistas, panistas, emecistas y muchas más personas sin un partido político especifico.
¿Lo anterior le resta credibilidad a la Marcha Z? Por supuesto que no. Solo ejemplifica que en ella se reunieron aquellos que de alguna u otra manera quieren manifestar su inconformidad con la manera de llevar las riendas del gobierno actual y, sean cientos, miles o millones… la presidenta debería voltear a verlos y escucharlos. Algo deben tener de razón.
El principal error de Claudia puede ser subestimar las protestas porque es evidente que va en aumento el malestar de los jóvenes y en general de la gente, por la violencia, la inseguridad pública, los problemas económicos y la corrupción. La diferencia entre ella y AMLO puede ser justo esa: saber escuchar.
@eduardguezh
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