POR: LILY ORTIZ
La Durango-Mazatlán, la autopista que se volvió lujo
Viajar por la Supercarretera Durango–Mazatlán se está convirtiendo, literalmente, en un lujo, no es una percepción aislada: es una realidad que se refleja en cada caseta y en cada ajuste tarifario que, año con año, sigue despegándose de la experiencia real de quienes la recorren.
El reciente ajuste aplicado por CAPUFE el pasado 13 de abril de 2026 volvió a encender la inconformidad. El costo total para automóviles pasó de $784 pesos en 2025 e inicios de 2026 a $820 pesos por trayecto sencillo, lo que representa un incremento aproximado del 4.6%.
Caseta por caseta (2026 actualizado):
• Garabitos: $80 pesos
• Llano Grande: $120 pesos
• Coscomate: $382 pesos
• Mesillas: $202 pesos
Total: $820 pesos
Antes del ajuste (referencia 2024–2025):
• Total aproximado: $743 – $784 pesos
Incremento real:
• Aumento: ~$36 pesos por viaje
Porcentaje: ≈ 4.6%
El costo de un viaje redondo estaría oscilando en los $1,640 pesos.
Pero el problema no es solo el número. Es lo que ese número representa… o más bien, lo que no representa.
Porque mientras el costo sube, la percepción del usuario va en sentido contrario; conductores frecuentes denuncian desgaste en la carpeta asfáltica, falta de mantenimiento en tramos clave y ausencia de iluminación en túneles, en una vía que presume ser de las más modernas de México, la caseta de Coscomate, por ejemplo, sigue siendo la más cara del recorrido, pero no necesariamente la que garantiza mejores condiciones.
Ahí es donde el discurso oficial se rompe y no coincide, se argumenta que el incremento responde a costos de operación y mantenimiento. Sin embargo, en la práctica, el usuario no percibe esa mejora, y cuando el precio sube sin que la calidad acompañe, deja de ser actualización… y se convierte en abuso.
El impacto ya no es solo individual. Empresarios duranguenses del sector turístico, hotelero y comercial han advertido que este aumento golpea directamente la competitividad del estado; y es que no es menor: hoy viajar de Durango a Mazatlán implica pagar $820 pesos de ida, más combustible, lo que puede elevar el costo total por viaje sencillo a más de $2,000 pesos si no es que mucho más.
En ese contexto, la carretera deja de ser un motor de desarrollo y comienza a ser un filtro económico, “un lujo”.
Y hay otro factor que no se puede ignorar: la seguridad, aunque la autopista sigue siendo más confiable que la libre, la percepción de riesgo en carretera sigue presente. Eso ya genera dudas en los viajeros; y si a eso se le suma el costo, el resultado es claro: menos flujo, menos turismo, menos dinamismo económico.
La CAPUFE, responsable de la operación, tiene frente a sí un dilema que no puede seguir ignorando: ¿seguir ajustando tarifas bajo criterios administrativos o responder a una exigencia legítima de calidad, seguridad y proporcionalidad?
Hoy, la Durango Mazatlán no solo conecta dos estados; conecta también una discusión de fondo: la del costo del desarrollo frente al derecho a transitar en condiciones dignas. Porque una autopista no debería ser un privilegio. Y mucho menos, una que ya se paga y muy caro en cada kilómetro.
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