La glosa del tercer informe: transparencia a prueba y política en equilibrio.
Por Alejandro Flores de la Parra.
En política, los informes de gobierno suelen tener algo en común: son largos, están llenos de cifras y, casi siempre, parecen más un desfile de logros que un retrato objetivo de la realidad. Sin embargo, en Durango, la conclusión de las comparecencias de funcionarios estatales para analizar la glosa del tercer informe del gobernador Esteban Villegas Villarreal dejó ver que el ejercicio va más allá de la simple lectura de un documento: se convirtió en una radiografía más clara —y a veces incómoda— de la marcha de la administración pública.
El presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política, el diputado Ernesto Alanís Herrera, se encargó de subrayar el lado positivo: este proceso representa un compromiso con la transparencia y la rendición de cuentas. En otras palabras, los legisladores no se conformaron con recibir el informe bonito y encuadernado, sino que llamaron a cuentas a los responsables de las distintas áreas de gobierno. Y eso, en tiempos de sospechas sobre la opacidad del gasto público en todo el país, ya es digno de señalarse.
La importancia del ejercicio legislativo.
Lo interesante es que este mecanismo de revisión es fundamental para que la septuagésima Legislatura local genere una evaluación objetiva del estado que guarda la administración estatal. Al fin y al cabo, un informe escrito no es más que la versión oficial de los hechos; lo que realmente permite contrastar discursos con realidades son las preguntas, los cuestionamientos y las réplicas en el Pleno o en las comisiones dictaminadoras.
En esta ocasión, los funcionarios del gabinete estatal no se limitaron a discursos acartonados. Hubo apertura al diálogo y disposición para responder tanto a los aliados como a los opositores. Se trata de una práctica sana: en democracia, los aplausos no hacen avanzar a un estado; las preguntas incómodas, a veces sí. Claro, ningún secretario va a llegar al Congreso con vocación de suicida político, pero al menos se enfrentaron al fuego cruzado de las distintas bancadas sin huir por la puerta trasera.
Avances que merecen destacarse.
El análisis no fue únicamente un intercambio de reclamos. También permitió visibilizar resultados concretos en áreas sensibles. En educación, por ejemplo, se destacó la implementación de nuevas tecnologías con la mirada puesta en las futuras generaciones. No es un detalle menor: en un contexto donde muchos estados apenas se las arreglan para mantener abiertas las escuelas, Durango busca preparar a sus estudiantes para un mundo donde las computadoras ya no son un lujo, sino el lápiz del siglo XXI.
En materia de desarrollo económico, los números también hablan. La llegada de 28 nuevas empresas y la creación de más de 16 mil empleos representan una bocanada de oxígeno para cientos de familias. El mensaje político detrás es claro: que los jóvenes encuentren oportunidades en su propia tierra, y no tengan que hacer la maleta rumbo a Monterrey, Guadalajara, Querétaro o, peor aún, a al extranjero.
Por supuesto, no faltarán los mal pensados que digan que “empleos hay, pero mal pagados”. Y probablemente tengan algo de razón. Sin embargo, en un país donde la informalidad laboral ronda el 55%, toda inversión formal que llegue a Durango es mejor que seguir confiando en la tómbola del empleo eventual.
Lo que sigue: de la glosa a las iniciativas.
Un aspecto clave de este proceso es que no se queda en el simple balance del presente. Las comparecencias también servirán como insumo para la elaboración de nuevas iniciativas y la dictaminación de las que ya parecían estar en la congeladora legislativa. Dicho de otro modo: la revisión de la glosa es la carnita política con la que los diputados cocinarán los cambios que el estado necesita para mejorar la calidad de vida de los duranguenses.
Aquí radica lo verdaderamente trascendente: que la rendición de cuentas no sea un ritual anual de lucimiento personal, sino un mecanismo para orientar políticas públicas y legislar con información de primera mano. De nada serviría la pasarela de funcionarios si, al final, las conclusiones terminan guardadas en el cajón de “pendientes”.
Un balance político.
Si algo demostró este ejercicio es que, pese a la polarización que domina el país, en Durango todavía hay espacio para el diálogo institucional. Funcionarios y legisladores se sentaron a revisar avances, tropiezos y retos. Se escucharon números alentadores, se señalaron pendientes y se cruzaron reproches, pero el proceso no degeneró en circo ni en show mediático.
Ahora bien, tampoco hay que pecar de ingenuos: la política siempre tiene sus filtros. Los opositores aprovechan para criticar lo que no funciona, los oficialistas para aplaudir lo que sí, y en medio de todos se encuentra el ciudadano común, que espera que esta coreografía de comparecencias tenga un efecto real en su día a día. Porque para la gente de a pie, poco importa que se generen 16 mil empleos si el suyo se perdió la semana pasada.
En conclusión, la glosa del tercer informe de Esteban Villegas no fue un trámite vacío. Fue un ejercicio necesario de contraste entre el discurso y la realidad, donde se habló de logros, se reconocieron retos y se abrió espacio a la crítica. El verdadero reto empieza ahora: que las buenas intenciones se traduzcan en políticas efectivas y que el Poder Legislativo asuma su papel no como un notario que certifica lo que dice el Ejecutivo, sino como un auténtico contrapeso.
Al final, lo que queda claro es que Durango dio una muestra de que la transparencia no es un discurso decorativo, sino una práctica que, cuando se toma en serio, fortalece la confianza en las instituciones. Y aunque siempre habrá quien diga que los políticos hablan mucho y hacen poco, este ejercicio al menos demostró que, cuando se quiere, se puede poner a los funcionarios bajo la lupa sin que tiemble el escenario. Ahora falta que de esa lupa no salga humo, sino luz.
La Palabra del Giocondo
El Mundial de las protestas; un manual para tener a todos descontentos, en los tiempo de la 4T.Por: Alejandro...