TIPTIP MX
  • Inicio
  • Ayuntamiento
  • Legislatura
  • Local
  • Gobierno
  • Seguridad
  • Más
    • Opinión
    • Educación
    • Deportes
    • Salud
    • Nacional
    • Frases célebres y otras hierbas…
Sin resultados
Ver todos los resultados
Tiptip MX
  • Inicio
  • Ayuntamiento
  • Legislatura
  • Local
  • Gobierno
  • Seguridad
  • Más
    • Opinión
    • Educación
    • Deportes
    • Salud
    • Nacional
    • Frases célebres y otras hierbas…
Sin resultados
Ver todos los resultados
Tiptip MX
Sin resultados
Ver todos los resultados

La Palabra del Giocondo

Tiptip MX por Tiptip MX
marzo 19, 2026
en Opinión
0
Share on FacebookShare on Twitter

Entre dictámenes y humo: Dos Bocas, la escuela vecina y el arte de reaccionar tarde.

Por: Alejandro Flores de la Parra.

El incendio en la Refinería Olmeca Dos Bocas volvió a colocar bajo los reflectores un proyecto que, desde su concepción, ha vivido más tiempo en la conversación pública que en la producción sostenida de combustibles. Esta vez no se trató de sobrecostos, retrasos o metas optimistas: el siniestro dejó cinco personas fallecidas —entre ellas una trabajadora de la petrolera estatal— y reavivó una preocupación tan básica como incómoda: la seguridad de quienes viven y estudian a unos metros de instalaciones de alto riesgo.
La presidenta Claudia Sheinbaum informó que solicitó a Petróleos Mexicanos apoyar la reubicación de una primaria colindante con el complejo, tras las quejas de madres y padres por afectaciones a la salud de sus hijos. La frase fue quirúrgica: se apoyará la reubicación “aun cuando hay todos los dictámenes que dicen que no está en riesgo”. Traducido al lenguaje ciudadano: no hay peligro… pero mejor movemos la escuela.
El plantel en cuestión, la Escuela Primaria Rural Abias Dominguez Alejandro, llevaba tiempo conviviendo con un vecino peculiar: un mechero activo y el persistente olor a hidrocarburos. Padres de familia describen alergias, irritación ocular, escurrimiento nasal y un aumento de crisis asmáticas. Es decir, síntomas que no suelen figurar en folletos turísticos ni en comunicados de “operación normal”. Aun así, desde el Gobierno federal se ha insistido en que los peritajes técnicos no detectaron riesgos para la población. “Y no salió nada”, recordó la mandataria. La ciencia administrativa tiene esas ironías: cuando el dictamen tranquiliza, pero la nariz y los pulmones discrepan.
El director del plantel, Jorge Lamoyi, añadió otro matiz: dijo no tener conocimiento de que Pemex esté colaborando para trasladar la escuela. En la práctica, la reubicación parece moverse en ese territorio donde la voluntad política viaja más rápido que la logística institucional. Y ahí emerge una pregunta inevitable: ¿por qué tuvo que escalarse el asunto hasta la conferencia presidencial para destrabar una decisión que, por naturaleza, correspondería a autoridades educativas estatales o federales?
Porque si algo evidencia este episodio es la hipertrofia del centro y la atrofia de los márgenes. Como si las secretarías de educación —en sus niveles estatal y federal— hubieran quedado en pausa administrativa, la solución llegó desde la cúspide del poder ejecutivo. El mensaje implícito no es menor: para mover una escuela junto a una refinería, hace falta la venia presidencial. Federalismo de ventanilla única.
El incendio, registrado a las seis de la mañana, tuvo una explicación preliminar que combina clima y química: acumulación de residuos de hidrocarburos tras lluvias e inundaciones, desborde de aceites al exterior y, finalmente, la caída de un rayo que encendió la mezcla. Una cadena de eventos donde la naturaleza pone la chispa y la gestión del riesgo decide el tamaño de la llama. La presidenta aseguró que el director de refinación de Pemex acudió de inmediato, junto con áreas de apoyo social, y que la Fiscalía General de la República realiza el peritaje correspondiente. También sostuvo que la refinería no sufrió daños y opera “al 100%”.
La frase suena contundente, aunque convive con otra realidad: Dos Bocas ha sido un proyecto marcado por controversias persistentes desde el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. Entre ajustes presupuestales, calendarios reprogramados y metas de refinación que han tardado en consolidarse, la obra ha generado más titulares que litros de gasolina efectivamente refinados durante largos tramos de su historia operativa. La refinería prometida como símbolo de soberanía energética se convirtió, también, en símbolo de escrutinio permanente.
Eso no invalida su propósito estratégico ni el debate legítimo sobre reducir importaciones de combustibles. Pero sí obliga a medir con vara técnica —no retórica— cada incidente, cada cifra y cada decisión de protección civil. Porque cuando una escuela comparte barda con instalaciones petroleras, la discusión deja de ser ideológica: se vuelve sanitaria, urbana y ética.
Reubicar el plantel es una medida sensata, aunque tardía. Sensata, porque prioriza el principio precautorio: si existe una duda razonable sobre la exposición de menores a contaminantes, se reduce el riesgo. Tardía, porque las alertas de padres y comunidad no nacieron con el incendio; simplemente necesitaron humo visible para volverse inaplazables. En política pública, la prevención es silenciosa y la reacción hace ruido. Aquí hubo demasiado de lo segundo.
El episodio también ilustra una tensión clásica: dictámenes que no detectan riesgo versus percepciones ciudadanas que sí lo sienten. La buena gobernanza no ridiculiza esa brecha; la investiga, la comunica mejor y ajusta decisiones. Si el Estado dice “no pasa nada” mientras la comunidad vive otra experiencia, el problema ya no es solo técnico: es de confianza.
Dos Bocas seguirá operando, auditándose y discutiéndose. Pero el aprendizaje inmediato está a ras de suelo: escuelas y complejos industriales no deberían compartir vecindad sin planes robustos de mitigación, monitoreo ambiental transparente y rutas claras de actuación interinstitucional. Y si algo bueno puede salir de una tragedia, es evitar la siguiente sin esperar a que otro rayo —literal o político— ilumine lo evidente.
En suma: menos épica de inauguración y más prosa de mantenimiento; menos centralización reactiva y más responsabilidad local efectiva; menos “no salió nada” y más escucha activa. Porque cuando la política energética se encuentra con un salón de clases, la prioridad no admite metáforas: primero la vida, luego la narrativa.

Déjanos tu comentario

Related Posts

Opinión

La Palabra del Giocondo

Durango y el empleo: crecimiento que entusiasma, pero exige lupa.Por: Alejandro Flores de la Parra.En un país donde la...

por Tiptip MX
abril 15, 2026
Opinión

Catarsis

Por: Felipe CorreaRetos y vicios en el IMSS Durango: El examen de Roxana RiveraLa designación de Roxana Rivera Leaños...

por Tiptip MX
abril 15, 2026
Opinión

La Palabra del Giocondo

Gasolina contenida, inflación latente: el delicado equilibrio entre política y mercado.Por: Alejandro Flores de la Parra.En política económica, pocas...

por Tiptip MX
abril 14, 2026
Opinión

La palabra del Giocondo

El Espejismo del Fracking Sustentable: La Soberanía Energética a la Mexicana. Por: Alejandro Flores de la Parra. Cuando Claudia...

por Tiptip MX
abril 13, 2026
Noticia Siguiente

SENA DE NEGROS

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tiptip MX

Sin periodistas no hay periodismo, sin periodismo no hay democracia

Síguenos en redes

© 2020 tiptip.mx - Periodismo en Durango.

Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Inicio
  • Ayuntamiento
  • Legislatura
  • Local
  • Gobierno
  • Seguridad
  • Más
    • Opinión
    • Educación
    • Deportes
    • Salud
    • Nacional
    • Frases célebres y otras hierbas…

© 2020 tiptip.mx - Periodismo Durango