Las lecciones de Coahuila para la batalla de Durango.
Por: Alejandro Flores de la Parra.
Las elecciones nunca terminan el día en que se cuentan los votos. En realidad, comienzan cuando cada partido intenta convencer a la opinión pública de que ganó algo más que una contienda. Junio fue precisamente ese momento: el mes en que concluyó la competencia electoral, pero arrancó la disputa por el relato rumbo a 2027. Y, aunque los reflectores estuvieron sobre Coahuila, las verdaderas lecciones podrían terminar escribiéndose en Durango.
El estudio de ARMA muestra que la elección legislativa coahuilense reordenó el tablero político. Tres partidos perdieron su registro estatal, Morena y el PRI intercambiaron acusaciones por una presunta compra de votos y, casi sin pausa, comenzó el registro de aspirantes para las elecciones de 2027. La política mexicana volvió a demostrar que las campañas duran semanas, pero las consecuencias se extienden durante años.
El gran ganador del mes fue el PRI, no sólo por el resultado electoral, sino porque recuperó algo que había perdido desde hace tiempo: la capacidad de imponer la agenda pública. La victoria de dos a uno en el Congreso de Coahuila permitió a Alejandro Moreno volver a hablar de una alianza opositora con PAN y Movimiento Ciudadano desde una posición de fortaleza y no de necesidad. Después de varios procesos electorales sobreviviendo políticamente, el priismo encontró nuevamente un argumento para presumir competitividad.
Morena vivió la otra cara de la moneda. Fue el partido con mayor presencia mediática, pero no con las mejores noticias. Los retrocesos en Coahuila, Veracruz y Durango lo obligaron a responder más que a proponer. Las denuncias por una supuesta compra de votos, las tensiones con la CNTE, la polémica por la cancelación de visas a algunos de sus gobernadores y el debate alrededor de Félix Salgado Macedonio terminaron construyendo una narrativa defensiva. Gobernó la conversación, pero no logró gobernar el relato.
El PAN tampoco encontró razones para celebrar. La pérdida de su registro estatal en Coahuila volvió a exhibir la crisis de identidad que atraviesa el partido, mientras las disputas internas y la impugnación de la reforma que permite la reelección de su dirigencia alimentaron más los encabezados que sus expectativas electorales. Mucho ruido, escasa rentabilidad.
Movimiento Ciudadano insistió en hacer de los tribunales su principal arena política. Sin embargo, las impugnaciones y denuncias por presuntas irregularidades terminaron pesando menos que la pérdida de su registro local en Coahuila. El Verde Ecologista, en cambio, confirmó una vieja fórmula: crecer sin llamar demasiado la atención. Aunque perdió su registro estatal, logró mantener una presencia nacional estable gracias a una estrategia de bajo perfil. El PT, fiel a su papel, continuó actuando como un aliado disciplinado más que como un protagonista.
Pero la verdadera enseñanza de junio quizá no esté en Coahuila, sino en lo que ese proceso anticipa para Durango. Ambos estados comparten gobiernos encabezados por el PRI, pero enfrentan realidades políticas distintas. Mientras Coahuila mantiene una estructura territorial que volvió a demostrar eficacia en las urnas, Durango se perfila hacia una contienda mucho más competida, donde Morena ha consolidado posiciones importantes, la alianza PRI-PAN conserva una presencia significativa y Movimiento Ciudadano busca abrirse espacio como una tercera opción. Ningún bloque puede asumir hoy que tiene asegurada la mayoría legislativa.
Esa es la principal lección. La elección de 2027 difícilmente se definirá por la popularidad de las dirigencias nacionales o por la fuerza de una marca partidista. Se decidirá, como ocurrió en Coahuila, por la capacidad de construir estructuras, seleccionar candidatos competitivos, mantener la unidad interna y controlar la narrativa pública durante la campaña. Las elecciones locales siguen resolviéndose en tierra, no en las conferencias de prensa ni en las redes sociales.
Por eso junio no debe entenderse como una simple resaca electoral. Fue el primer ensayo general de la siguiente gran batalla política. Coahuila ya mostró cómo puede cambiar el equilibrio entre oficialismo y oposición cuando el voto local pesa más que las inercias nacionales. Durango haría bien en observar esas señales, porque lo que ocurrió al norte difícilmente quedará sólo como una anécdota electoral.
En política, las victorias nunca son permanentes y las derrotas tampoco. Lo único permanente es la disputa por el poder. Y esa, aunque el calendario diga otra cosa, ya comenzó rumbo a 2027.
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