La inversión que se queda en Durango.
Por: Alejandro Flores de la Parra
En política económica hay cifras que llenan boletines sin transformar la vida cotidiana. Anunciar una inversión es noticia; convertirla en empleos dignos, clientes para los negocios locales y mayor productividad es desarrollo. Esa diferencia explica por qué la iniciativa de Ley de Fomento Económico de Durango, presentada el 21 de octubre por Alejandro Mojica, presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política, merece una discusión seria, amplia y alejada del aplauso automático o la descalificación partidista.
La propuesta adquiere especial relevancia por el papel institucional de su principal impulsor. Como presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política, Alejandro Mojica no solo participa en la presentación de una iniciativa legislativa: coloca el desarrollo económico en el centro de la agenda del Congreso y abre la posibilidad de construir acuerdos entre las distintas fuerzas políticas, el sector empresarial y el Gobierno del Estado. Su liderazgo puede ser determinante para que la propuesta avance de la exposición parlamentaria a una política pública con resultados verificables.
La iniciativa, respaldada por otros legisladores del PAN y enriquecida con aportaciones de organismos empresariales, plantea digitalizar trámites, fortalecer la proveeduría local, evaluar incentivos y facilitar la formalización. También propone instrumentos para impulsar el turismo y nuevas funciones para el CODEDUR. Es una agenda amplia que intenta pasar de la promoción aislada de inversiones a una política económica más articulada. Su importancia radica en que busca establecer reglas, mecanismos de coordinación y criterios de evaluación para que el crecimiento no dependa únicamente de anuncios o gestiones coyunturales.
La dimensión del desafío está en los datos. Según los Censos Económicos 2024 del INEGI, Durango tenía 64,760 unidades económicas del sector privado y paraestatal en 2023. El 95% eran micronegocios, pero generaban apenas el 21.5% del valor agregado censal bruto. Además, el 56.4% de las unidades económicas eran informales. Es una economía con una enorme base de pequeños establecimientos que necesita algo más que invitaciones a encuentros empresariales. Necesita financiamiento, capacitación, simplificación, acceso a mercados y condiciones para crecer.
En ese sentido, la iniciativa impulsada por Mojica puede convertirse en un punto de inflexión. Su valor no está únicamente en modificar una ley, sino en reconocer que la inversión debe vincularse con las empresas locales y con las capacidades productivas de Durango. Si el Congreso logra convertir esta visión en instrumentos eficaces, la entidad podría avanzar hacia un modelo en el que las grandes inversiones generen cadenas de proveeduría, empleos mejor remunerados y oportunidades para los pequeños negocios.
La iniciativa contempla un programa de incentivos a la compra local, denominado “Hecho en Durango”, y mecanismos para conectar empresas establecidas con proveedores duranguenses. La intención es concreta; la dificultad también: venderle a una gran empresa suele exigir financiamiento, certificaciones, entregas oportunas y capacidad de producción. Si no se atienden esas barreras, los apoyos podrían concentrarse en las empresas que ya están mejor posicionadas. Por ello, el liderazgo legislativo de Alejandro Mojica será importante para promover una discusión que no se limite a aprobar incentivos, sino que defina cómo llegarán a quienes más los necesitan.
Hay un elemento que el Congreso deberá examinar. Mientras se busca la simplificación administrativa y transición a la formalidad, el proyecto establece la constancia de situación fiscal como requisito para cualquier trámite comercial estatal o municipal. La formalidad es necesaria, pero imponer condiciones sin acompañamiento puede añadir obstáculos precisamente a quienes se busca incorporar. Asimismo, el fideicomiso turístico propuesto, financiado con el impuesto sobre hospedaje, requeriría reglas transparentes sobre asignación de recursos y rendición de cuentas.
La relevancia de la propuesta también dependerá de la capacidad de sus promotores para escuchar observaciones y perfeccionar el texto. Una iniciativa de esta magnitud debe ser suficientemente ambiciosa para transformar, pero también lo bastante clara para evitar discrecionalidad. El hecho de que haya sido presentada por el presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política puede facilitar la construcción de consensos, siempre que el proceso legislativo mantenga apertura, transparencia y participación de los sectores involucrados.
El contexto tampoco admite triunfalismos. En agosto, el Banco de México situó en 1.5% su previsión de crecimiento nacional para 2026. Ninguna reforma local puede resolver por sí sola la incertidumbre económica, aunque sí puede reducir costos, dar certeza y mejorar el destino de los estímulos públicos. Precisamente por eso, la iniciativa de Alejandro Mojica resulta oportuna: porque plantea que Durango debe prepararse con mejores reglas y mayor coordinación para enfrentar un entorno nacional complejo.
Aquí aparece la verdadera prueba política: que el Ejecutivo, el Congreso y los organismos empresariales puedan acordar criterios públicos y medibles. ¿Cuántos proveedores consiguieron contratos duraderos? ¿Cuántos negocios lograron formalizarse? ¿Cuántos empleos se crearon y con qué salarios? Evaluar sin publicar resultados sería cambiar el lenguaje, no la política.
La iniciativa presentada por Alejandro Mojica representa, por tanto, una oportunidad para que el Congreso de Durango ejerza un papel más activo en la definición del rumbo económico del estado. Su importancia no se limita a la figura de quien la presenta, sino a la posibilidad de que su liderazgo institucional ayude a convertir una preocupación compartida en una estrategia de largo plazo. El reto será que la propuesta conserve su sentido social y productivo durante el debate, y que sus beneficios no se queden en el papel.
Durango necesita mirar más allá del monto anunciado. La inversión que realmente transforma una región no es la que llega para la fotografía, sino la que encuentra raíces en sus empresas, sus trabajadores y sus comunidades. Y la iniciativa de Alejandro Mojica puede ser el primer paso para que esas raíces tengan mejores condiciones para crecer.