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La Palabra del Giocondo

Tiptip MX por Tiptip MX
julio 4, 2025
en Opinión
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“Dinamarca tropical”: el espejismo sanitario que sigue enfermando a México.
Por: Alejandro Flores de la Parra.

Hace apenas unos días, la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró —con la misma firmeza con la que uno promete ir al gimnasio cada lunes— que en este mes de julio de 2025 se regularizará el abasto de medicamentos en todo el país. Es decir, que se acabarán los estantes vacíos, los peregrinajes de pacientes en busca de una caja de paracetamol y las listas de espera que parecen más bien sentencias.
Bienvenidos al país del casi.
Pero la historia ya la conocemos: cada administración promete una transformación, y cada administración termina recetándonos más de lo mismo. La diferencia ahora es que el sexenio pasado nos vendieron la idea de que tendríamos un sistema de salud como el de Dinamarca. El problema es que nos entregaron algo más parecido a una fonda sin gas: muchas ganas, pero nada en la estufa.
Y mientras tanto, el tiempo corre, la salud no espera y los experimentos fallidos ya cuestan vidas. Porque no, señora presidenta, la salud pública no es un proyecto de ciencia escolar donde se pueden cometer errores sin consecuencias.
INSABI: el Frankenstein de la salud pública.
Empecemos por el elefante muerto en la sala: el INSABI. El Instituto de Salud para el Bienestar fue una creación tan ambiciosa como desastrosa, una especie de híbrido burocrático diseñado para sustituir al Seguro Popular. Pero al final, terminó siendo un hoyo negro presupuestal que ni resolvió el problema del abasto ni garantizó atención digna a quienes más la necesitan.
De acuerdo con la Auditoría Superior de la Federación, el INSABI acumuló observaciones millonarias por malos manejos de recursos. Y aunque fue presentado como la joya de la corona de la Cuarta Transformación, hoy yace sepultado entre recortes, escándalos de opacidad y millones de mexicanos que, al perder su cobertura, tuvieron que endeudarse o resignarse al desamparo.
Su desaparición no resolvió nada. Solo dejó un vacío que ahora intenta llenar el IMSS Bienestar, otra apuesta que, a la fecha, no termina de consolidarse. Porque, aunque en el papel suena bien —un sistema universal, gratuito y equitativo— en la práctica sigue enfrentando carencias estructurales: falta de personal, infraestructura insuficiente, y una red de distribución de medicamentos que, por momentos, parece diseñada por Kafka.
Birmex: el negocio de vender medicinas sin medicina.
Y como si la receta no fuera lo suficientemente amarga, llegó el escándalo de Birmex. La empresa pública encargada de adquirir y distribuir medicamentos fue señalada por sobrecostos, contratos opacos y una operación más parecida a una subasta de compadrazgos que a una estrategia nacional de salud.

Sheinbaum, al menos, tuvo la sensatez de cancelar algunas licitaciones. Pero eso no borra la pregunta clave: ¿cómo es que, en un país con tanto presupuesto destinado a salud (aunque cada vez es menos), seguimos viendo hospitales sin insumos, farmacias vacías y doctores que deben improvisar con lo que hay?
La respuesta es tan obvia que da rabia: corrupción. Esa enfermedad crónica que no aparece en los informes presidenciales pero que carcome cada rincón del sistema, desde la compra de una caja de antibióticos hasta la construcción de clínicas que se inauguran sin personal o sin agua.
El problema es estructural y lleva años pudriéndose. Pero en lugar de aplicar cirugía mayor, el gobierno ha preferido recetar parches, discursos y promesas con fecha de caducidad.
IMSS Bienestar: la solución que aún no arranca.
La presidenta insiste en que el IMSS Bienestar es la solución definitiva. Y sí, hay que reconocer que al menos hay voluntad política para fortalecerlo. Pero transformar el sistema de salud de un país de más de 130 millones de personas no se logra con comunicados ni con visitas a hospitales los fines de semana.
A la fecha, el IMSS Bienestar no ha logrado absorber por completo la demanda de atención. Los estados que han firmado convenios siguen reportando carencias, demoras en tratamientos y falta de especialistas. Además, el modelo centralizado choca con realidades locales muy distintas: no es lo mismo operar en una zona urbana que en una comunidad rural donde ni siquiera hay señal de celular.
Y mientras tanto, los ciudadanos siguen siendo pacientes del sistema… pero no en el sentido médico, sino en el de esperar eternamente.
Marcelo y su Plan México: ¿inyección o placebo?
En un intento por cambiar el rumbo —o al menos el discurso—, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, anunció con bombo y platillo la inversión de cuatro empresas farmacéuticas internacionales como parte del llamado Plan México. La propuesta incluye la instalación de plantas de producción y centros de distribución, lo cual, en teoría, podría ayudar a paliar el desabasto.
Pero el impacto inmediato es mínimo. Las inversiones son a mediano y largo plazo, y sus efectos no se verán en el corto plazo. Además, muchas de estas empresas buscan participar en el mercado con fines de exportación, no exclusivamente para surtir al sector público nacional.
En otras palabras, es una buena noticia… que no resuelve el problema de fondo: la pésima planeación, la opacidad y el desdén institucional que han convertido el acceso a medicamentos en un vía crucis.
Cuando el tiempo es mortal.
Julio de 2025 llegó. Y, si uno recorre hospitales, clínicas y centros de salud, lo que encontrará es más bien un déjà vu: escasez, enojo, frustración. El mismo dolor de siempre, con nuevas excusas.

México no tiene un sistema de salud como el de Dinamarca. No lo tuvo con AMLO, y no lo tiene con Sheinbaum. Porque en Dinamarca no se improvisa, no se politiza la salud, y no se deja a los enfermos esperando hasta que llegue el nuevo sexenio.
La salud de los mexicanos no puede seguir siendo un laboratorio para teorías mal aplicadas. No se trata de experimentar a ver si ahora sí funciona. Se trata de construir, con responsabilidad, transparencia y ciencia. Porque en este juego no se pierden votos. Se pierden vidas.
Y esas, señora presidenta, no se recuperan con discursos.

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