Plantas de humo: los 60 sueños de gas de la 4T energética
Por: Alejandro Flores de la Parra.
En su afán por dejar huella —aunque sea de carbono—, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció, con bombo, platillo y muchas cifras en el aire, la construcción de 60 nuevas plantas de generación eléctrica que, según sus cálculos, dotarían a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) con 26 mil megawatts de capacidad adicional. ¿El precio del milagro energético? Unos 350 millones de dólares por planta, lo que nos da una modesta suma de 21 mil millones de dólares. Nada mal para un país que sigue pidiendo prestado hasta para cubrir las becas y programas del bienestar, literalmente.
¿De a cómo el golpe?
La planta que inauguró en San Luis Potosí, es de Ciclo Combinado, lo cual, traducido del eufemismo técnico al lenguaje llano, significa que funcionan con gas natural, una fuente fósil que, aunque menos sucia que el carbón, no califica como energía limpia, por más que se le mire con cariño desde Palacio Nacional. La ironía es tan evidente, que ni siquiera necesita iluminación LED: mientras el mundo gira hacia lo solar, lo eólico y lo sustentable, México pone su futuro energético en manos de combustibles importados. Porque sí, hay que recordarlo: el gas natural que usamos no lo producimos suficiente, lo importamos principalmente de Estados Unidos, a precios que no siempre soplan a favor.
Pero no nos desviemos. Hablemos del costo unitario. 350 millones de dólares por cada planta. Nada mal, sobre todo si se considera que países como España o Brasil han desarrollado plantas de ciclo combinado similares por entre 250 y 300 millones, y eso incluyendo infraestructura adicional. Quizá nuestras plantas vengan con acabados de lujo, decoración tropical o con algún busto de Lázaro Cárdenas al pie de la turbina. O tal vez el número sea parte del viejo truco del “anuncio de impacto”: lanzar cifras grandes, ambiciosas e inverificables, aunque el presupuesto público no dé ni para cambiar los focos del Metro.
Porque esa es otra: ¿de dónde va a salir el dinero? ¿Qué dependencia se va a quedar sin gasolina este año? ¿Qué programa federal verá recortado su presupuesto? ¿A qué entidad federativa se le negará el recurso para obras prioritarias? En un país donde la CFE arrastra una deuda superior a los 400 mil millones de pesos, y el Gobierno Federal no canta mal las rancheras con sus necesidades financieras, este tipo de anuncios parecen más propaganda que planeación. Como si alguien hubiera dicho: “Pongan 60 en el PowerPoint, se ve más fuerte que 6”.
Ideología > Relación Estratégica.
Y mientras aquí se le niega presupuesto a salud, cultura y ciencia, allá en el Caribe, en Cuba, las cosas marchan mejor. Al menos para ellos. En lo que va del 2025, México ha enviado petróleo crudo con un valor de más de 3 mil 100 millones de pesos a la isla caribeña. Porque al parecer, antes que resolver la crisis energética local o tapar los hoyos financieros del país, hay que alimentar la llama del amor ideológico. Total, ¿qué puede salir mal con Estados Unidos viendo desde la barrera cómo se despacha crudo a un régimen sancionado, mientras aquí seguimos rogando por inversiones?
El asunto no es menor. Este coqueteo energético con Cuba pone en riesgo la ya delicada relación con nuestro principal socio comercial, justo en tiempos en los que cualquier roce puede derivar en aranceles, bloqueos o tensiones diplomáticas. Pero la retórica de la “soberanía” lo justifica todo: si hay que regalar petróleo, que sea a los amigos. Si hay que recortar presupuestos, que sea al adversario político.
Para atrás: Cangrejos del Bienestar.
Volvamos a las plantas. ¿Qué lógica de desarrollo hay detrás de este megaproyecto? Porque mientras Europa construye campos eólicos marinos y China lanza plantas solares flotantes, nosotros invertimos en plantas de gas natural que necesitarán importar combustible y cuya vida útil es limitada en un mundo que se aleja —cada vez más rápido— de los fósiles. ¿A quién se le ocurre construir una flota de taxis a gasolina en plena era del auto eléctrico?
En resumen: 60 plantas, 21 mil millones de dólares, gas natural, cero energías renovables, recortes probables al gasto social, y una relación petrolera tóxica con Cuba. Todo en nombre de fortalecer a una empresa estatal que sigue atrapada en los años ochenta, cuando quemar gas era símbolo de desarrollo.
La gran pregunta no es si esto se puede hacer. Con deuda, ocurrencias y fe, todo se puede hacer. La pregunta es: ¿conviene hacerlo así? ¿Queremos gastar fortunas en infraestructura fósil en pleno 2025, cuando la energía limpia ya no es una utopía sino una necesidad? ¿Queremos mantener la narrativa heroica de “rescate” de la CFE, aunque eso signifique hipotecar el futuro energético y financiero del país?
En política energética, como en el amor, hay decisiones que parecen nobles pero resultan insostenibles. Y construir 60 plantas de gas natural mientras se recorta el gasto y se regala petróleo a Cuba es como prometerle el cielo a alguien… con el recibo del gas vencido.
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