Por Ricardo López Pescador.
La corrupción puede entenderse como una práctica consistente en la utilización indebida o ilícita de funciones y recursos de las instituciones públicas en provecho de particulares, por lo que es considerada uno de los fenómenos mas nocivos para la vigencia del Estado de derecho y los principios democráticos.
La corrupción no se refiere solamente al saqueo del patrimonio del Estado, incluye también acciones cotidianas de particulares como el ofrecimiento de sobornos, sin embargo, las prácticas que se realizan desde la función pública son las que mas agravian a la sociedad.
A pesar de la diversidad de los actos que caen en el entorno de la deshonestidad, la creciente complejidad de las sociedades modernas, ha vuelto a la corrupción mas sofisticada y difícil de detectar y por consiguiente de combatir. Algunas de sus expresiones mas conocidas -y que incluso contribuyen a potenciarla- son la falta de transparencia, la impunidad, la desigualdad económica y la debilidad institucional.
“Transparencia Internacional” es una organización de la sociedad civil que promueve medidas contra crímenes corporativos y corrupción política en el ámbito internacional, anualmente publica el Índice de Percepción de Corrupción, IPC, un ranking de corrupción a nivel mundial. Según su ultimo informe, en México la sociedad percibe más corrupción en el último año que en los tres previos, por lo que nuestro país se ubica en el lugar 140 de 180 países evaluados, retrocediendo 5 puntos respecto a la anterior evaluación, debido a que solo obtuvo 26 puntos de 100 posibles.
Los datos que conforman el IPC son considerados verídicos gracias a que se integran del resultado de varias encuestas -al menos 15- procedentes de instituciones educativas de prestigio como la Universidad de Columbia, institutos mundiales como el Foro Económico Mundial y de insitutciones de países como el Internacional Institute for Management Development. Los datos que revelan las encuestas de opinión son analizados por expertos del interior y de fuera de cada país para llegar a los puntajes correspondientes.
Es sabido que el primer paso para solucionar un problema es reconocer que existe, saber su dimensión, ver su evolución y diseñar estrategias eficaces para combatirlo. La corrupción en México sigue siendo uno de los graves problemas, cuya disminución no se avizora en el corto plazo. A pesar de las promesas de su combate, de una narrativa con la que se pretende hacer creer que ya se erradicó, la percepción de corrupción sigue creciendo y lastimando a la sociedad.
En este tema no es opción disimular, hay maneras y ejemplos que demuestran que si es posible combatir esta calamidad, así lo demuestra Dinamarca al obtener 90 de 100 posibles en el IPC, Finlandia con 88/100, Nueva Zelanda, Noruega, Singapur y Suecia que se encuentran entre los primero diez países; incluso países latinoamericanos como Chile con 63/100 o Brasil con 34/100 han avanzado más.
Las últimas decisiones legislativas que se han tomado en el país evidencian la falta de voluntad política para atender esta problemática, no hay duda que la desaparición del Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI), la reforma al poder judicial, las declaratorias de información reservada para ocultar información sobre el costo de obras públicas, caminan en el rumbo de la opacidad.
Todo gobierno democrático que sustenta su actuar en un Estado constitucional de derecho esta obligado a afrontar sin reservas la corrupción para garantizar la vigencia del orden jurídico y de la ética política, con el propósito de evitar que las nuevas generaciones se acostumbren a una forma de vida en la que se tolera y se normaliza la deshonestidad.
Catarsis
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