Por: Iraí De La Fuente
El uso de la IA: ¿el acordeón moderno de los futuros abogados?
Ayer conmemoramos el Día del Abogado, una fecha que no solo invita a reconocer a quienes ejercemos esta noble profesión, sino también a reflexionar sobre los desafíos que enfrenta el Derecho en una sociedad en constante transformación.
Hoy, en un país como México, la formación integral de las y los abogados parece ser cada vez menos valorada, tanto para acceder a espacios jurisdiccionales como para ejercer la profesión en sus distintos ámbitos. Sin embargo, quienes aún creemos en la formación del jurista seguimos convencidos de que la correcta aplicación del Derecho exige razonamiento genuino, capacidad de análisis y una sólida ética profesional.
En la actualidad, uno de esos desafíos tiene nombre propio: la inteligencia artificial, una herramienta llamada a transformar diversos ámbitos del conocimiento, entre ellos la práctica jurídica, pero que también nos obliga a preguntarnos hasta dónde debe llegar sin desplazar aquello que hace verdaderamente humano el ejercicio del Derecho.
En el ámbito de la formación jurídica, miles de estudiantes de Derecho recurren a la inteligencia artificial para elaborar ensayos, resolver casos prácticos, redactar demandas o responder cuestionarios que forman parte de su preparación académica. Del mismo modo, en el ejercicio profesional, cualquiera que sea el área de desempeño, cada vez son más los abogados que utilizan estas herramientas para elaborar promociones, opiniones jurídicas, contratos o escritos judiciales.
Quizá la mejor metáfora para describir este fenómeno sea la del «nuevo acordeón», o, en su caso, “el acordeón moderno”.
Durante décadas, el acordeón representó el intento de aprobar un examen sin haber estudiado, pero hoy ese acordeón ha evolucionado y dejó de ser ese pequeño papel escondido entre los apuntes; y pasó a ser una plataforma capaz de generar respuestas completas en cuestión de segundos. La diferencia es que ahora el riesgo ya no se limita a una evaluación académica, sino que se extiende hasta delegar el pensamiento del estudianteal hasta su vida profesional.
Ese desplazamiento no siempre pasa inadvertido, pues con frecuencia, se hace evidente cuando el estudiante, ya convertido en profesionista, entrega un trabajo a su superior y este, al leerlo, no puede evitar pensar, o incluso decir: «Esto no lo hiciste tú; esto fue hecho con inteligencia artificial.» En ese momento no solo se pone en duda la autoría del documento, sino también la formación, el criterio, la capacidad de análisis y la autenticidad de quien lo presenta.
En este Día del Abogado vale la pena recordar que el prestigio de la profesión nunca ha dependido de quién encuentra una respuesta con mayor rapidez, sino de quien sabe formular las preguntas correctas, interpretar el Derecho con responsabilidad y defender la justicia con integridad.
La inteligencia artificial seguirá evolucionando y ocupará un lugar cada vez más importante en nuestra práctica jurídica, aunque lo que no debe cambiar es la convicción de que ningún algoritmo puede sustituir la conciencia, la ética, el criterio ni la responsabilidad de un abogado verdaderamente preparado.
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