“La Barredora” y la Cuarta Transmutación: el caso Hernán Bermúdez y el derrumbe del mito obradorista.
Por Alejandro Flores de la Parra.
Por más cepillos, trapeadores y aromatizantes institucionales que se usen, hay manchas que ni la mismísima 4T puede limpiar. El caso de Hernán Bermúdez Requena, exsecretario de Seguridad Pública en Tabasco, no sólo apesta a colusión con el crimen organizado, sino que deja al descubierto un esquema de complicidades de alto nivel que ya no puede disimularse con discursos mañaneros, frases de estampita ni “consultas populares”.
Según investigaciones periodísticas y datos filtrados por autoridades, Bermúdez no era cualquier burócrata con uniforme: era la cabeza del grupo criminal conocido como “La Barredora”, presuntamente implicado en actividades como el robo de combustible (huachicol), extorsión, desapariciones forzadas y cobros de piso. Nada nuevo bajo el sol tropical… salvo que quien lo designó en ese cargo fue el entonces gobernador de Tabasco y actual senador, Adán Augusto López Hernández, uno de los hombres más cercanos al expresidente Andrés Manuel López Obrador y actual líder de la bancada de Morena en el Senado.
Ah, pero que nadie se atreva a insinuar que el presidente “no sabía”. La narrativa oficial, como de costumbre, opta por el “yo no fui, fue Teté”, aunque Teté tenga el gafete, la firma, y hasta la foto con el compadre.
La corrupción no se combate, se acomoda.
Mientras el aparato de comunicación de Morena se esfuerza por lavarle la cara a Adán Augusto —y de paso al fundador de la Cuarta Transformación— los hechos se vuelven incómodos. Y es que este escándalo no sólo sacude la credibilidad del movimiento, sino que confirma lo que muchos analistas y ciudadanos ya sospechaban: la 4T no combatió la corrupción, simplemente la reubicó.
Más aún, el apellido López Hernández parece haber sido una llave maestra para posiciones estratégicas. La hermana del senador, Rosalinda López Hernández, ocupó durante el sexenio obradorista la jefatura de la Auditoría Fiscal del SAT. Durante su gestión, la detección de empresas fantasma cayó de 3,016 casos a apenas 81, una reducción del 97%. Si eso no es eficiencia… en encubrimiento, no sabemos qué lo sea.
Y mientras el huachicol continuaba, pero ya sin tanto escándalo en los medios, el SAT se volvía daltónico para detectar simulaciones fiscales. Uno diría que había más coordinación entre “La Barredora” y Hacienda que entre el gabinete y los programas sociales.
Claudia Sheinbaum: ¿tapadera o reformista?
A todo esto, ¿dónde queda Claudia Sheinbaum? La presidenta que prometió continuidad con cambio (o cambio con continuidad, ya nadie sabe) parece más preocupada por cuidar la herencia de su mentor que por esclarecer hechos tan delicados. Hasta ahora, no ha habido un solo pronunciamiento fuerte contra Adán Augusto, ni una línea directa que apunte al expresidente. Y eso que el caso involucra al crimen organizado dentro de las estructuras de seguridad pública.
En otras circunstancias, cualquier presidenta buscaría marcar distancia de su antecesor en cuanto aparecen las primeras señales de podredumbre. Pero Sheinbaum no: ella sigue atrapada en el dilema existencial de la 4T. Romper con AMLO sería traicionar al movimiento. Defenderlo, en cambio, la convierte en la encubridora número uno de uno de los gobiernos más corruptos que ha tenido México en los últimos 40 años.
Por eso su silencio pesa. Porque si bien fue electa con una narrativa de eficiencia y técnica, no se puede ser científica en campaña y devota en el gobierno. Y cada día que pasa sin que se asuman responsabilidades o se abran investigaciones, Claudia se vuelve menos presidenta y más administradora del legado ajeno.
Morena: la marca que se devalúa por minuto.
Este caso pone a Morena en una situación política explosiva. Lo que comenzó como un partido antisistema, terminó atrapado en su propio sistema de impunidad. Intentar deslindar a Adán Augusto del nombramiento de Bermúdez es tan absurdo como intentar deslindar a López Obrador de Adán Augusto. Son parte del mismo proyecto, del mismo grupo político, del mismo método: lealtades antes que competencias, silencios antes que verdades, relatos antes que realidades.
La narrativa de la Cuarta Transformación está hoy más cerca de parecer una novela de realismo mágico, donde el presidente no sabía, el hermano no veía, la hermana no detectaba y la presidenta actual… no hace nada.
En lugar de limpiar la casa, La Barredora fue contratada para barrer bajo la alfombra. Y ahora, con los costales de polvo criminal acumulados, Morena enfrenta una crisis de legitimidad que ni todas las encuestas maquilladas del país podrán esconder.
¿La caída del mito?
Si algo nos ha enseñado este episodio es que la 4T construyó un mito, no una transformación. Se prometió acabar con la corrupción, y se terminó institucionalizándola. Se prometió un gobierno distinto, y resultó ser el mismo PRI de los 70s, pero con redes sociales y estampitas de Benito Juárez.
El caso Hernán Bermúdez no es una anécdota más. Es una evidencia estructural de cómo el crimen organizado encontró en la 4T un espacio cómodo para operar, protegerse y crecer. Y si el gobierno de Sheinbaum no actúa pronto, se convertirá no en la primera mujer presidenta que transformó al país, sino en la primera mujer presidenta que selló el pacto de silencio con uno de los presidentes más corruptos de la historia reciente.
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