Por: Felipe Correa
Elegir banco también es votar (con el bolsillo)
En México, la conversación sobre dinero suele quedarse en silencio. Hablamos poco de ahorro, casi nada de inversión y menos aún de algo fundamental: cómo elegimos a las instituciones que resguardan nuestro patrimonio. Sin embargo, los datos ya están ahí, disponibles para quien quiera verlos.
La Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros acaba de publicar los resultados del Índice de Desempeño de Atención a Usuarios (IDATU) del sector bancario al cierre de 2025. No es un dato menor. Este indicador mide algo que impacta directamente en la vida cotidiana: qué tan bien responden los bancos cuando hay un problema.
El resultado general —9.01 sobre 10— podría sugerir que el sistema funciona bien. Pero ese promedio esconde diferencias importantes. Instituciones como Bansi e Intercam Banco alcanzan la calificación perfecta, mientras que otras como Banca Afirme apenas superan el 6.5. En el medio, nombres conocidos como BBVA México o Banco Azteca mantienen evaluaciones competitivas.
¿La pregunta clave? ¿Cuántos usuarios toman decisiones con base en esta información?
La realidad es incómoda: la mayoría de las personas elige banco por cercanía, costumbre o inercia. Abrimos cuentas donde nos depositan la nómina, donde “siempre ha estado la familia” o donde el trámite es más rápido. Rara vez comparamos indicadores, revisamos evaluaciones o cuestionamos la calidad del servicio. Y eso tiene un costo.
Porque cuando falla una transferencia, cuando hay un cargo no reconocido o cuando un adulto mayor enfrenta una mala atención, no estamos hablando de estadísticas: estamos hablando de confianza, tiempo y, muchas veces, de patrimonio.
Aquí es donde entra el verdadero problema de fondo: la falta de cultura financiera. No se trata solo de saber ahorrar o invertir, sino de entender que elegir una institución financiera es una decisión estratégica, no administrativa. Así como comparamos precios antes de comprar un teléfono, deberíamos comparar desempeño antes de elegir un banco.
El IDATU no es un reporte técnico más. Es, en esencia, una herramienta de poder para el usuario. Permite distinguir entre instituciones que resuelven y aquellas que complican. Entre las que priorizan al cliente y las que reaccionan solo cuando la presión aumenta.
Pero esa herramienta solo sirve si se usa.
Hoy más que nunca, en un entorno donde los servicios financieros son cada vez más digitales y complejos, la responsabilidad ya no recae únicamente en las instituciones, sino también en los usuarios. Elegir mejor no es un lujo: es una necesidad.
Porque al final, cambiar de banco no es solo cambiar de app o de tarjeta.
Es decidir quién va a responder cuando las cosas salgan mal.
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