POR: LILY ORTIZ
Renuncia a medias: Adán Augusto deja el cargo, no la sombra
La renuncia de Adán Augusto López a la coordinación de Morena en el Senado llegó, sí, pero llegó tarde o muuuuy tarde. Y cuando la política se mueve a destiempo, rara vez lo hace por convicción; casi siempre lo hace por presión.
Este domingo 1 de febrero, el exsecretario de Gobernación anunció su salida del liderazgo parlamentario morenista bajo un argumento que, en el papel, suena impecable: el trabajo territorial rumbo a 2027 requiere tiempo completo y la unidad del movimiento no admite distracciones, pero en la práctica, sin embargo, la explicación no logró disipar el ambiente de dudas, señalamientos y silencios incómodos que ya lo rodeaban.
Adán Augusto deja la coordinación, pero conserva la senaduría; y ahí está el primer punto de fricción, y es que para muchos el paso que dio fue insuficiente. La narrativa en política y redes no es nueva: si el problema es político y ético, la salida parcial no resuelve el fondo. Renunciar a la coordinación fue, para algunos, el mínimo indispensable; porque renunciar al escaño, es lo que nunca ocurrirá.
El senador insiste en que “habló con quien tenía que hablar”. No dijo con quién, tampoco aclaró si la conversación incluyó a la presidenta Claudia Sheinbaum. Pero el vacío no es menor, porque en política los silencios también gobiernan, y cuando la situación no se aclara, se interpreta. Para muchos, ese “alguien” no estaría en Palacio Nacional, sino más al sureste, en Macuspana, donde aún se toman decisiones que no siempre pasan por la formalidad institucional.
La salida de Adán Augusto ocurre, además, en medio de la polémica no resuelta sobre su exsecretario de Seguridad en Tabasco, Hernán Bermúdez, presuntamente vinculado con “La Barredora”. El senador optó por no responder si ese tema influyó en su decisión; pero en cambio, eligió la ruta conocida: minimizar el ruido, desestimar “mentiras” y refugiarse en la frase tranquilizadora de que “la presidenta dijo que no hay ninguna investigación”.
El relevo tampoco es casual. Ignacio Mier asume la coordinación con el aval interno y el perfil que hoy Morena necesita: oficio legislativo, menos estridencia y más control del pleno. Adán Augusto lo elogió con generosidad, quizá consciente de que en esta etapa conviene cerrar filas y abrir menos frentes.
Queda claro que esta renuncia no es un retiro, sino un reacomodo; Adán no se va del tablero, simplemente cambia de casilla. Rechaza cargos diplomáticos, reafirma su vocación territorial y se mantiene como actor con peso específico dentro del movimiento. Incluso se da tiempo para despejar dudas ajenas, como asegurar que su salida no afecta el futuro político de su gran aliada, Andrea Chávez, a quien ve con ruta clara hacia el gobierno de Chihuahua.
En Morena, la consigna es cuidar la unidad rumbo a 2027; pero la unidad no siempre implica claridad, y la claridad no siempre conviene. Adán Augusto se baja de la coordinación, sí, pero su sombra y sus preguntas siguen sentadas y plantadas en el Senado.
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