La Referencia
Jorge Anima
En medio del escándalo por el ajuste del calendario escolar y las discusiones sobre si los alumnos saldrán antes de vacaciones por las altas temperaturas y el mundial, hay una pregunta que nadie parece querer responder: ¿y la infraestructura para cuándo?
México presume tener 229 mil 379 escuelas de educación básica. Más de 24 millones de alumnos y 1.2 millones de docentes sostienen todos los días el sistema educativo nacional. El discurso oficial habla de transformación, de bienestar y de poner “primero a los niños”, pero la realidad sigue entrando por las ventanas… literalmente, porque en muchas escuelas ni vidrios hay.
La polémica se centró en si adelantar o no unos días el cierre escolar por el calor. Y sí, el calor existe, pega fuerte y estar con 30 alumnos con altas temperaturas resulta insoportable y antipedagogico Pero el problema no es el calendario: el problema es que el país tiene escuelas que sobreviven en condiciones de los años ochenta o incluso más viejas
A nivel nacional, entre 23 y 28 % de las escuelas carecen de acceso adecuado al agua potable. Cerca de 45 por ciento no tienen drenaje formal. Y aunque oficialmente más del 90 por ciento cuenta con electricidad, eso no significa funcionalidad. Tener un cable y un foco no convierte un salón en un espacio digno para aprender a altas temperaturas cuando quien toma las desiciones está en su oficina con aire acondicionado
El tema del aire acondicionado raya en la sátira nacional. Se imagina los docentes con tener climatizacion en aulas donde a veces no hay ni ventanas completas, donde los techos son de lámina y donde los abanicos sobreviven amarrados con alambre. ¿Cómo hablar de minisplits cuando todavía hay escuelas peleando por un tinaco o una sisterna?
En Durango, las cifras tampoco permiten discursos triunfalistas. Cerca del 18 por ciento de las escuelas no tienen electricidad; casi la mitad carece de drenaje. Y aunque el acceso al agua ronda el 95 por ciento, eso no siempre significa agua potable constante. Muchas escuelas rurales almacenan agua en tambos o dependen de pipas.
Y mientras todo eso ocurre, la discusión pública termina atrapada en lo superficial. Que si salen antes. Que si el calendario se movió. Que si quién autorizó el cambio. Pero muy poco se habla de fondo: ¿por qué seguimos teniendo escuelas incapaces de soportar una temporada de calor? Que funciones tienen los padres y cuáles las escuelas ?
También apareció otro debate incómodo: la molestia de algunos padres de familia porque tendrían a sus hijos más tiempo en casa y “quién los va a cuidar”. Como si la función principal de la escuela fuera resguardar niños mientras los adultos trabajan. La escuela educa, forma, acompaña; no puede convertirse en guardería institucional porque el Estado y la sociedad no encuentran otra manera de conciliar la vida familiar.
Y ahí aparece otra contradicción muy mexicana: se exige que las escuelas resuelvan todo —educación, alimentación, valores, seguridad, cuidado y hasta entretenimiento—, pero al mismo tiempo se normaliza que operen sin drenaje, sin clima digno y, en algunos casos, sin agua constante.
Si bien es cierto que existe la escuela es nuestra en donde el gobierno federal ootorgs recurso económico a las escuelas pero no ha logrado solicionar, ademas de que en estos casos se achatan las dependencias educativas estatales y municipales, a esto sumele un sector de la sociedad concibe a la escuela como guardería y a los maestros como niñeros
Mientras tanto, el país ya se prepara para presumir modernidad rumbo al Mundial de 2026. Estadios remodelados, turismo internacional, inversiones millonarias y campañas para mostrar el “nuevo México” al mundo. Pero puertas adentro, millones de niños seguirán tomando clases en salones donde el calor entra sin permiso y la infraestructura apenas resiste.
Además hay que sumarle que los datos oficiales en el estado y el país sobre el rezago educativo no son alentadores han fallado las directrices de la autoridad que poco o nada han servido en este tema
Porque al final, mover unas semana el calendario sale más barato que invertir en infraestructura. Cambiar fechas cuesta un oficio; cambiar escuelas requiere presupuesto, voluntad y prioridades.
Y así seguimos: discutiendo si cancelar clases por calor mientras los alumnos estudian en aulas donde el aire acondicionado no existe… porque primero tendrían que existir los vidrios
En resumen el análisis no debe ser superficial, si no a las obligaciones de los gobiernos en los tres niveles y a las obligaciones de las escuelas, pero sobre todo a las obligaciones como de padres de familia