Después del anuncio realizado por Mario Delgado, secretario de Educación Pública, sobre el cierre anticipado del ciclo escolar para el próximo 5 de junio, las críticas comenzaron a surgir aceleradamente, casi al mismo ritmo en que se tomó una decisión que, para muchos, pareció más atrabancada que planeada.
El anuncio oficial de la propia Secretaría advierte que el cierre anticipado atiende a las altas temperaturas previstas para junio, así como a la realización de la Copa Mundial de la FIFA 2026, cuya inauguración tendrá lugar en la Ciudad de México. Sin embargo, la medida y su justificación resultaron tan sorprendentes como polémicas, pues incluso en contextos extraordinarios, como los vividos durante la pandemia o ante otro tipo de contingencias, pocas veces se había tomado una decisión tan exprés y repentina para concluir el ciclo escolar, aun cuando las circunstancias pudieran considerarse necesarias o urgentes.
Acto seguido de la decisión unánime del Consejo Nacional de Autoridades Educativas y de la difusión de la medida por parte de los secretarios de educación de las distintas entidades de la República, la presidenta Claudia Sheinbaum salió a precisar que el cierre anticipado del ciclo escolar debía entenderse únicamente como una propuesta, ya que el calendario escolar, como tal, aún no ha sido modificado de manera formal. La declaración generó de inmediato la percepción de que era necesario hacer una pausa y replantear el alcance de una decisión que ya había sido comunicada públicamente casi como un hecho.
Con estos hechos, resulta inevitable hacer un contraste con el contexto educativo que actualmente viven millones de niñas, niños y adolescentes en México, pues mientras se plantea reducir el tiempo efectivo en las aulas, el país continúa enfrentando condiciones poco alentadoras en materia de aprendizaje, comprensión lectora, matemáticas y continuidad educativa, especialmente en sectores con mayores niveles de vulnerabilidad.
Entonces, mientras se busca impulsar esta medida bajo justificaciones que para muchos resultan poco convincentes, el país continúa ocupando algunos de los últimos lugares en desempeño educativo dentro de la OCDE. Por ejemplo, los resultados de la prueba PISA 2022 colocaron a México en la posición 35 de 37 países miembros, reflejando rezagos importantes en matemáticas, comprensión lectora y ciencias, precisamente en un momento donde la prioridad pareciera estar enfocada en fortalecer, y no en reducir, los tiempos de aprendizaje.
Por lo pronto, habrá que esperar cuál termina siendo la postura definitiva de la Secretaría de Educación Pública y si, después de las reacciones generadas, existe espacio para una reconsideración o una reflexión más profunda sobre el alcance de esta medida. Por ahora, este episodio dejó claro que, en materia educativa, las decisiones apresuradas suelen generar más dudas que certezas y, en las condiciones actuales, más retroceso que progreso.