La oposición que se opuso a sí misma.
Por: Alejandro Flores de la Parra.
Por momentos, Movimiento Ciudadano parecía haber encontrado en Durango la fórmula para convertirse en una alternativa política competitiva. Los resultados electorales de 2025 le permitieron colocarse como la primera fuerza dentro del Cabildo capitalino con cinco regidores, un logro nada menor para un partido que durante años había sido visto como una fuerza complementaria y no como protagonista. Incluso, el segundo lugar obtenido por Francisco Franco Soler en la contienda por la alcaldía alimentó la narrativa de que la llamada “ola naranja” había llegado para quedarse.
Sin embargo, un año después, la principal amenaza para Movimiento Ciudadano no parece provenir de Morena, del PRI o del PAN. Parece provenir de Movimiento Ciudadano mismo.
Desde el inicio de la administración municipal, la bancada naranja generó expectativas legítimas. Se esperaba una oposición moderna, fresca y coordinada; una fracción capaz de construir una agenda propia y de convertirse en un verdadero contrapeso político. Después de todo, sus dirigentes presumían representar una nueva forma de hacer política.
La realidad terminó siendo menos inspiradora.
Aunque públicamente anunciaron una agenda común enfocada en temas como movilidad, vivienda y cuidados, la percepción ciudadana difícilmente ha identificado una estrategia colectiva o una visión compartida entre sus integrantes. Más allá de esfuerzos individuales, la bancada ha proyectado una imagen de dispersión política que ha debilitado su capacidad de incidencia.
El ejemplo más reciente fue la votación de la cuenta pública municipal, donde cada integrante pareció interpretar el papel de una bancada distinta. Mientras Francisco Franco y Alan Espinosa votaron en contra, Alfredo Varela lo hizo a favor, y Mariana Verduga y Gloria Arreola optaron por la abstención. En política, la pluralidad interna puede ser una virtud; la falta de coordinación permanente suele convertirse en un problema.
Tampoco ayudó el episodio del recálculo del impuesto predial. Primero respaldaron la medida y después reconocieron públicamente el malestar social que había provocado, intentando corregir el rumbo cuando la inconformidad ciudadana ya estaba instalada. Como dicen los viejos estrategas: rectificar es válido, pero rectificar después de escuchar los abucheos suele parecer más cálculo político que convicción.
Y cuando parecía que la situación no podía exhibir mayores síntomas de desarticulación, llegó la salida de Gloria Arreola hacia las filas del PAN. El movimiento tiene una lectura inmediata: la bancada naranja pierde una posición y Acción Nacional fortalece su presencia dentro del Cabildo. Pero la lectura política más profunda es otra. Cuando un proyecto político transmite cohesión, crecimiento y rumbo, sus integrantes suelen quedarse. Cuando transmite incertidumbre, comienzan las mudanzas.
El problema de fondo no es únicamente municipal. Movimiento Ciudadano atraviesa una etapa particularmente delicada rumbo a 2027. Los buenos resultados obtenidos en 2025 generaron entusiasmo, pero también el riesgo de una sobreinterpretación política. Haber desplazado a Morena al tercer lugar en la capital fue un logro importante, pero no equivalía necesariamente a una consolidación estructural del partido. El triunfo contundente de la alianza PRI-PAN en la alcaldía demostró que una cosa era crecer electoralmente y otra muy distinta convertirse en la fuerza dominante del municipio.
Hoy muchos cuadros naranjas parecen actuar bajo la premisa de que el crecimiento electoral continuará por inercia. La historia política mexicana demuestra exactamente lo contrario. Los partidos suelen enfrentar sus mayores crisis cuando comienzan a repartirse triunfos futuros antes de tiempo.
Y ese momento se acerca.
Con la elección de 2027 en el horizonte, inevitablemente surgirán las disputas por candidaturas, posiciones y liderazgos. Los grupos internos que hoy conviven bajo el entusiasmo de una votación favorable pronto tendrán que definir quién encabeza proyectos, quién espera turno y quién se queda fuera de la fotografía.
Ahí es donde la ausencia de liderazgo puede convertirse en un problema mayor.
Porque mientras un partido pequeño puede sobrevivir con varias voces compitiendo entre sí, un partido que aspira a convertirse en alternativa de gobierno necesita una dirección clara, una narrativa consistente y una disciplina política mínima. Ninguna de las tres cosas ha quedado plenamente demostrada hasta ahora.
La paradoja para Movimiento Ciudadano es que su principal riesgo no es el crecimiento de sus adversarios, sino el exceso de confianza de sus propios cuadros. La embriaguez política tiene una característica peculiar: hace creer que se está caminando en línea recta cuando en realidad se avanza dando tumbos.
Y en política, las facturas más caras suelen cobrarse precisamente cuando alguien está convencido de que ya ganó una elección que todavía no existe.