POR: LILY ORTIZ
Democracia de un solo día
A menos de un año de que México entre nuevamente en la dinámica rumbo al proceso electoral de 2027, conviene hacer una pausa y preguntarnos qué tan participativa es realmente nuestra sociedad, porque la democracia no debería medirse únicamente por el número de votos depositados en las urnas, sino por el interés permanente de los ciudadanos en los asuntos públicos.
El próximo proceso será distinto según la entidad, y es que no todos los estados renovarán gubernaturas ni ayuntamientos; en algunos se elegirán únicamente congresos locales y federales, mientras que otros vivirán procesos más amplios. Sin embargo, el desafío es el mismo en todo el país: lograr que la participación ciudadana no aparezca sólo cuando hay campañas, sino que permanezca durante todo el ejercicio de gobierno.
México enfrenta una realidad evidente; millones de ciudadanos siguen la política únicamente en tiempos electorales y después se alejan de las decisiones públicas. Son pocos quienes participan en consultas, comités ciudadanos, sesiones de cabildo o ejercicios de rendición de cuentas. La consecuencia es que muchas decisiones terminan tomándose con escasa participación social, mientras el desinterés abre espacio a la apatía y a la desinformación.
Durango ofrece un contraste interesante; en procesos recientes ha destacado por registrar una participación electoral superior al promedio nacional y por la solidez de sus instituciones electorales. Pero ese dato, aunque positivo, no debe confundirse con una participación ciudadana permanente; el verdadero reto comienza cuando concluyen las campañas y los ciudadanos dejan de ser electores para convertirse en vigilantes de sus gobiernos.
Los temas que definirán el futuro del estado como; seguridad, salud, agua, desarrollo económico, infraestructura y transparencia requieren una sociedad que no sólo vote, sino que también pregunte, proponga y exija resultados. La democracia no se fortalece únicamente el día de la elección; se fortalece cuando la ciudadanía entiende que los asuntos públicos no pertenecen exclusivamente a los gobiernos, sino también a quienes serán beneficiados o afectados por sus decisiones.
El 2027 volverá a poner a prueba a partidos, candidatos y autoridades electorales. Pero quizá la prueba más importante será para los ciudadanos. Porque una democracia sólida no se construye cada tres o seis años; se construye todos los días; y eso no todos lo entienden.
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