Por: Iraí De La Fuente
LA BRECHA ENTRE LA EDUCACIÓN Y EL FUTURO
Durante mucho tiempo asumimos que estudiar una carrera universitaria era prácticamente sinónimo de construir un futuro, pues la ruta parecía bastante clara: terminar la educación superior, conseguir un empleo y comenzar una vida independiente, sin embargo, algo está cambiando en esa ecuación y vale la pena detenernos un momento para preguntarnos si nuestras instituciones educativas están cambiando al mismo ritmo que el mundo que recibirán nuestros jóvenes
Una nota publicada recientemente por The New York Times pone sobre la mesa un dato que debería hacernos reflexionar, ya que de acuerdo con investigaciones de las economistas Stefania Albanesi, Rania Gihleb y Ning Zhang, más de una cuarta parte de los graduados universitarios estadounidenses de entre 23 y 27 años vivía con sus padres el año pasado, una cifra que vuelve a alcanzar el nivel máximo registrado durante la pandemia.
primera vista podríamos pensar que se trata simplemente de un cambio en las dinámicas familiares, pero detrás de ese dato existe una realidad económica mucho más profunda, toda vez que tener un título universitario ya no garantiza por sí mismo el acceso inmediato a un empleo que permita a los jóvenes alcanzar la independencia económica.
¿Cómo se traduce este hecho? Se traduce en una preocupación que no podemos ignorar, porque estamos hablando de una generación que, después de años de preparación, está llegando a un mercado laboral que cambia a una velocidad mucho mayor de la que estamos preparados para enfrentar.
Esto no es solamente un asunto de Estados Unidos, pues lo que ocurre allá puede ser un reflejo de una transformación que estamos viendo en distintas economías del mundo, ya que la inteligencia artificial, la automatización, la robótica, la ciencia de datos y las nuevas tecnologías están modificando procesos productivos completos, de manera que algunos empleos desaparecerán, otros serán mal pagados, otros tendrán que transformarse y también surgirán nuevas ocupaciones que hoy todavía no alcanzamos a dimensionar
Aquí en México, por ejemplo, dedicamos mucho tiempo y atención a los resultados de la prueba PISA, que evalúa competencias fundamentales como matemáticas, lectura y ciencias, y por supuesto que estos resultados son importantes porque nos permiten conocer algunas de las fortalezas y áreas de oportunidad de nuestro sistema educativo.
Sin embargo, el mundo está cambiando a una velocidad que nos obliga a mirar más allá de lo que tradicionalmente hemos considerado prioritario, pues mientras seguimos concentrados en medir y mejorar estos conocimientos fundamentales, la inteligencia artificial, la automatización, la ciencia de datos y las nuevas tecnologías están transformando la manera en que aprendemos, trabajamos y producimos, por lo que también tendríamos que preguntarnos si en México estamos solamente tratando de mejorar nuestros resultados en aquello que históricamente hemos evaluado o si, al mismo tiempo, estamos replanteando lo que nuestros jóvenes necesitan aprender para enfrentar el mundo que viene.
Sin duda, es un reto que requiere de todos: estudiantes, instituciones y gobiernos, porque mientras los jóvenes deben mirar hacia el futuro desde un presente que ya está cambiando, las autoridades debemos adaptar la educación a esa nueva realidad.
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