Niños en las pandillas, señal que no se debe ignorar.
Por: Juvenal Rosales Flores
En las últimas semanas, un tema comenzó a aparecer con mayor frecuencia en conversaciones vecinales, reportes policiales y comentarios en redes sociales, el regreso de las pandillas juveniles en algunas colonias y fraccionamientos de la capital del Estado; con riñas, pintas, vandalismo y confrontaciones entre grupos de jóvenes han encendido focos de alerta en distintos sectores de la capital.
No se trata de un fenómeno completamente nuevo. Durante años, la ciudad logró contener al menos en buena medida expresiones de pandillerismo que en décadas pasadas llegaron a marcar la vida de barrios completos; sin embargo, los recientes reportes muestran que el problema comienza a reaparecer, y lo hace con un ingrediente que preocupa aún más, la participación de menores de edad.
A pesar de ello, las autoridades tienen bien identificados estos grupos juveniles que han protagonizado enfrentamientos, lo cual dio a conocer el secretario general de Gobierno, Héctor Vela Valenzuela, a quienes tienen bajo vigilancia aplicando medidas preventivas, para que no llegue a condiciones alarmantes.
Si embargo, también hay que decirlo con claridad, la formación de niñas, niños y adolescentes no es responsabilidad exclusiva del gobierno ni de las escuelas, ya que la educación empieza en casa; los valores, los límites y el respeto por los demás se aprenden primero en la familia.
Por eso, hablar de pandillerismo también obliga a mirar hacia la corresponsabilidad de madres y padres de familia, porque cuando un menor termina involucrado en actos de violencia o vandalismo, algo en esa cadena de cuidado y formación dejó de funcionar. La seguridad, al final, no solo se construye con policías en las calles, sino con familias presentes y comunidades que no renuncian a su papel en la educación de sus hijos.
Desde el ámbito municipal, el secretario de Seguridad Pública, Marco Contreras, aportó un dato que refleja la dimensión social del problema, se han detectado menores de apenas 9 y 10 años participando en actos vandálicos; en algunos casos, incluso se ha tenido que sancionar a padres de familia por omisión de cuidados.
Ese dato revela una realidad incómoda, el fenómeno de las pandillas no empieza en la calle, empieza en casa, en la escuela y en cada colonia y fraccionamiento, porque cuando un niño de primaria ya está involucrado en actos de vandalismo, el problema dejó de ser únicamente de seguridad para convertirse en un asunto profundamente social.
En el Congreso local, la diputada Gaby Vázquez Chacón ha planteado una línea que muchos especialistas consideran indispensable, apostar a la prevención, con programas comunitarios, actividades deportivas, acompañamiento psicológico y campañas dirigidas a jóvenes podrían ser herramientas clave para evitar que estas conductas escalen.
Por su parte, el gobernador Esteban Villegas Villarreal lanzó un mensaje directo a quienes están generando violencia en las colonias: “O se calman o los vamos a calmar nosotros”. Una frase que refleja una postura de firmeza frente a quienes pretenden alterar la tranquilidad de la ciudad, porque la responsabilidad primaria no es del gobierno, sino de los padres de familia.
Habló sin rodeos al advertir que en Durango no se permitirá el regreso de los tiempos en que las pandillas dominaban barrios enteros, ya que la memoria colectiva aún recuerda etapas en las que ciertos sectores eran prácticamente territorios controlados por grupos juveniles que imponían miedo entre vecinos.
Sin embargo, el mandatario también subrayó que la estrategia no se limita a la reacción policial, ya que reconstruir el tejido social, generar oportunidades y fortalecer la convivencia comunitaria forman parte de la ecuación para evitar que estos grupos sigan creciendo.
En ese contexto, el gobierno estatal y el municipal, encabezado por José Antonio Ochoa Rodríguez, presentaron las nuevas patrullas para la Dirección de Seguridad Pública conocidas como “Las Perronas 2.0”. Con esta incorporación, más de 300 unidades estarán en circulación para reforzar la vigilancia en la capital.
No perdamos de vista que la seguridad también se construye en la familia, en la escuela y en las colonias. Y ahí es donde Durango tendrá que dar la batalla más importante.
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