La exceptiva de Toño Ochoa; 2,500 mdp en obra al 2028.
Por: Juvenal Rosales Flores
En política, los números también cuentan historias. Y en el caso del alcalde Toño Ochoa, las cifras de obra pública comienzan a convertirse en uno de los principales argumentos para defender una segunda administración que, de acuerdo con sus propias expectativas, podría cerrar en 2028 con una inversión superior a los 2 mil 500 millones de pesos.
El presidente municipal soltó la cifra durante un encuentro con columnistas y representantes de medios de comunicación, donde habló de los retos que enfrenta la capital, pero también de lo que considera uno de los principales logros de su administración; mantener un ritmo de inversión pública que, asegura, no se había registrado en los últimos años.
Y aquí hay un dato que pesa, tan solo durante 2026, el municipio contempla una inversión histórica de mil 120 millones de pesos dentro del Programa Anual de Obra Pública, con obra que busca resolver uno de los problemas cotidianos de movilidad y conectividad de la ciudad. También están las 47 obras del Presupuesto Participativo, donde la ciudadanía decidió directamente en qué proyectos quería ver invertidos recursos públicos.
Buena parte de la historia no la está contando únicamente el ayuntamiento, la están escribiendo también los ciudadanos que pagan sus impuestos. De los mil 120 millones de pesos contemplados para obra, alrededor de 500 millones provienen de los impuestos pagados por los duranguenses durante 2026, con la expectativa de alcanzar los 700 millones.
Es decir, detrás de cada calle pavimentada, cada obra y cada proyecto, también hay un ciudadano que cumplió con el predial. Y eso cambia la conversación, no se trata solamente de cuánto gasta el gobierno, sino de cuánto está regresando a la sociedad en infraestructura y servicios.
Ochoa sabe que ahí existe un capital político importante. Una ciudadanía que paga y observa dónde se invierte su dinero puede convertirse en el mejor termómetro de una administración. Pero también en el juez más severo si las obras no llegan a las colonias, fraccionamientos y comunidades donde más se necesitan.
La comparación histórica también resulta inevitable. Durante la administración de José Ramón Enríquez, se reportaron alrededor de 491 millones de pesos en obra pública. Con Jorge Salum, fueron aproximadamente 664 millones.
En la primera administración de Toño Ochoa, de 2022 a 2025, la inversión en obra pública alcanzó los mil 152 millones de pesos. Y ahora, apenas en 2026, su segunda temporada ya registra mil 120 millones de pesos, prácticamente la misma cantidad invertida durante todo su primer periodo.
Pero el verdadero reto está hacia adelante. Si la administración mantiene este ritmo de inversión durante los próximos años, la meta de superar los 2 mil 500 millones de pesos al cierre de 2028 deja de parecer una cifra política para convertirse en un desafío administrativo y financiero.
Hay otro dato que el alcalde puso sobre la mesa y que quizá sea menos vistoso, pero resulta fundamental; mantener una recaudación sólida del predial permitiría, desde su perspectiva, darle estabilidad al municipio incluso durante las próximas dos décadas. Dicho de otra manera, no solamente se trata de construir hoy, sino de cuidar la capacidad financiera para que Durango pueda seguir construyendo mañana.
Porque políticamente una calle nueva se ve; una deuda mal manejada también se termina sintiendo, aunque tarde. Por eso, la combinación de recaudación, inversión y finanzas sanas será uno de los principales indicadores con los que deberá medirse esta segunda etapa municipal.
En términos sociales, la apuesta parece clara: llevar la inversión a donde la gente pueda sentirla. Pavimento donde durante años hubo tierra, espacios públicos donde antes existía abandono, obras que reduzcan tiempos de traslado y proyectos que atiendan necesidades que los propios ciudadanos han señalado.
Y mientras Durango comienza a mirar de reojo el escenario político de 2027 y 2028, Toño Ochoa tendrá que demostrar que la obra pública puede ser algo más que una estadística. Si logra convertir los mil 120 millones de 2026 en resultados visibles y mantener la disciplina financiera, llegará a 2028 con una carta política difícil de ignorar.
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