¡Una victoria municipal con destino estatal!
Juvenal Rosales Flores
Acontecer Político
Con una participación ciudadana de apenas el 38.25% en la capital del estado, los resultados de la elección del pasado 1 de junio reflejan no sólo una victoria electoral, sino un reacomodo del poder político local. La coalición Unidad y Grandeza, encabezada por Toño Ochoa, logró retener la presidencia municipal con 191 mil 458 votos, confirmando la fortaleza territorial del actual alcalde y colocándolo, desde ahora, como el candidato natural a la gubernatura en 2028.
El respaldo obtenido —aunque con baja afluencia— le da oxígeno político al panismo y al tricolor duranguense, pero también obliga al resto de las fuerzas a repensar su estrategia frente a una figura que ya dejó de ser local para proyectarse estatal.
Su reelección lo convierte en el político mejor posicionado electoralmente en el estado. Si mantiene el control político de la capital, afianza su liderazgo y sortea las tensiones internas, su camino hacia 2028 podría estar más despejado de lo que muchos imaginan.
De acuerdo con los números preliminares, el PRI y el PAN tendrán hasta ocho regidores en la capital, aunque con una relación desigual: cinco para el tricolor y tres para el albiazul. Esta distribución refleja claramente dónde están las bases de cada partido. Gaby Hernández, Brenda Pacheco, Ariel Maa, Jorge Herrera Castro y Mayte Manzanera por el PRI; Giovanni Rosso, Diego Flores y Patricia Karam por el PAN, integran una bancada que tendrá que aprender a convivir más como coalición institucional que como rivales circunstanciales. En la pelea del reconteo de votos, podría sumarse Alejandro Gurrola.
En contraste, Movimiento Ciudadano se consolida como una fuerza emergente real en la capital. Con al menos cinco posiciones en el cabildo y con Pancho Franco como figura central, el partido naranja no sólo asegura representación, sino también un discurso disruptivo. Su equipo —Mariana Verdugo, Alfredo Valera, Gloria Arreola y Alan Espinosa (este último visiblemente vinculado con la comunidad LGBTQI+)— marca un giro hacia agendas progresistas que podrían incomodar a los partidos tradicionales y atraer nuevos públicos. La candidatura de 2028 para MC podría comenzar a construirse desde ahora.
En el bloque de la llamada 4T, conformado por Morena, PT y PVEM, el balance es más sombrío. Dependiendo del resultado final y de la defensa del voto, podrían alcanzar hasta cuatro regidores en el mejor escenario. La coalición guinda deberá replantearse desde la coordinación interna: ¿será Iván Gurrola quien asuma el liderazgo, o Marisol Carrillo? Mauricio Yen y Stephany García —esta última con posibilidad de quedar fuera— completan una representación que, hoy más que nunca, necesita credibilidad y trabajo territorial. Porque si algo quedó claro es que la marca Morena ya no alcanza por sí sola para ganar en Durango capital.
En cuanto a la integración del cabildo, la legislación electoral obliga al Consejo Municipal a garantizar la paridad de género. Al haberse registrado una mayoría masculina —10 hombres contra 7 mujeres—, deberá aplicarse el principio de paridad: el último varón de la lista del partido o coalición menos votada deberá ceder su lugar a la siguiente mujer en la fórmula. Esto afectaría directamente a Morena, donde saldría el segundo de la lista e ingresaría la cuarta, ajustando así la representación.
El verdadero reto, sin embargo, va más allá de los escaños. Si de estos nombres habrán de surgir las candidaturas para 2028, lo que hoy se construya —o destruya— en el seno del ayuntamiento marcará el rumbo político de los próximos años. La oposición tendrá que superar la tentación del oportunismo y pasar de la crítica fácil a la propuesta concreta. Por su parte, Toño Ochoa deberá demostrar que puede gobernar con una pluralidad que no siempre le será cómoda.
A nivel estatal, con el 96% de los votos computados, el PRI se mantiene como la primera fuerza política en Durango, seguido por Morena. Movimiento Ciudadano se posiciona en un sólido tercer lugar, mientras que el PAN queda relegado al cuarto sitio. Este dato es crucial para entender que, aunque las narrativas nacionales colocan a Morena como un movimiento imparable, en Durango la realidad política sigue teniendo otros ritmos y otros códigos.
Para el PRI y el PAN, el trabajo será doble: consolidar su alianza como un proyecto político viable más allá de lo electoral, y reconectar con una ciudadanía que sigue participando poco y confiando menos. En tanto, Morena deberá hacer una revisión a fondo de su estructura local, de sus candidatos y de sus formas de hacer política. Porque la derrota duele, pero la falta de autocrítica mata.
La pregunta final no es quién ganó la elección, sino quién tiene ahora la altura de miras y el oficio político para construir el futuro de Durango. Y eso, apenas comienza