Encrucijada presidencial
Por Eduardo Serrano
Es posible que muchos crean que la presidenta Claudia Sheinbaum, se encuentra entre la espada y la pared, tras la petición de las autoridades estadunidenses, para que sea detenido, con fines de extradición, el ahora gobernador con licencia Rubén Rocha Moya, junto con otros 9 personajes, entre ellos el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez Mendívil, quien también solicitó licencia al cargo, y el senador Enrique Inzunza Cázarez, quien se niega a perder el fuero, porque, como dicen en los United States: “fear doesn’t walk on a donkey”, o para que mejor me entienda: “el miedo no anda en burro”. Sin embargo, muchos otros creen que Sheinbaum se encuentra en una auténtica encrucijada, cuya decisión la tiene, no entre la espada y la pared, sino, más bien… entre dos filosas espadas.
Una de esas espadas, es la que apunta en medio de las negociaciones del T-MEC. Un retroceso en las relaciones comerciales entre México y nuestros vecinos del norte, complicarían aún más la situación económica, multifactorialmente afectada, y reflejada en el poder adquisitivo de las familias mexicanas, que por mucho que les suban el salario mínimo, la realidad es que ya no alcanzan los ingresos, para cubrir los gastos esenciales. El gobierno de Donald Trump está decidido a cambiar la realidad que vive nuestro país, respecto a la actividad de los grupos delincuenciales, tipificados por los EEUU, como “terroristas”; no se conformaron con la entrega de casi un centenar de líderes de dichos grupos, ahora van por autoridades coludidas. La presidenta deberá responder con firmeza, aunque en ello, le cale el filo de la otra espada.
No se trata de la oposición, ni del pueblo bueno y sabio; esa otra espada es la del movimiento de la 4T, pues en esta encrucijada, podrían salir raspados otros personajes, a quienes es insostenible mantener como rostros visibles de la Cuarta Transformación, pues su sola presencia, contradice los preceptos, mintiendo a más no poder, robando hasta en despoblado y traicionando a quienes siguen confiando en ellos. En efecto, es perversamente misógino decir que la presidenta fue a Palenque, a reunirse con el expresidente y líder moral, para que le diera línea; pero, habiendo tanto lugar a donde ir, ¿para qué va a las cercanías del rancho de AMLO? Desde luego, las señales que manda, por muy buenas que sean, se distorsionan por esta encrucijada.
Sheinbaum deberá tomar decisiones que, dolorosamente, extirparán sin anestesia, una parte nociva del movimiento. Como hasta ahora, deberá mantener su discurso de “colaboración, mas no intervención” con el gobierno de Trump, aunque le soliciten otra “entrega”, -ojo, no extradición-, de uno que otro funcionario o exfuncionario, que se encuentren en los versos de aquel coro «entregado”, que seguramente dio un conciertazo en Nueva York, porque, ya no hay tiempo para seguir hablando de García Luna o de Calderón, cuando hay un Rocha Moya y un López Obrador. Efectivamente, debe prevalecer la presunción de inocencia, y todo debe conducirse conforme a Derecho, pero ante esta encrucijada presidencial, debe salir a flote… la estatura de Claudia Sheinbaum Pardo.
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