Por: Felipe Correa
El problema no es solamente Uber o DiDi: es la incapacidad de modernizar el transporte público.
Durante años, buena parte del transporte tradicional respondió a la competencia digital desde la lógica de la defensa gremial: «ellos son irregulares, nosotros somos concesionarios». Jurídicamente puede existir una discusión legítima sobre regulación, impuestos, seguros, requisitos y condiciones laborales; de hecho, transportistas de Durango han reclamado precisamente un «piso parejo».
Pero desde la perspectiva del usuario, el argumento tiene una limitación: la legalidad de un servicio no garantiza automáticamente que ese servicio sea competitivo.
El usuario no compara únicamente permisos. Compara tiempo de espera, limpieza, comodidad, seguridad, facilidad para pedir el vehículo, formas de pago, trato del conductor y precio.
Y ahí es donde el taxi tradicional perdió terreno, el problema se vuelve más evidente porque las propias autoridades han reconocido la necesidad de modernizar el transporte. En 2025, por ejemplo, se impulsó un programa de renovación de taxis y camiones, mientras que el Gobierno estatal planteó combatir tanto los taxis pirata como las plataformas que operaran sin permiso.
Aquí aparece uno de los datos más preocupantes.
En septiembre de 2025, dirigentes del transporte señalaron que el uso del transporte público había caído aproximadamente 30% desde la pandemia, y reconocieron que las plataformas, motocicletas y otros medios de movilidad habían contribuido a modificar los hábitos de los usuarios.
Esto plantea una paradoja: Durango puede tener miles de taxis disponibles y, al mismo tiempo, tener menos pasajeros para repartir entre ellos.
Cuando el mercado pierde usuarios, el problema deja de ser exclusivamente tecnológico. Se convierte en un problema de rentabilidad.
Menos pasajeros significa menos ingresos por unidad. Menos ingresos dificultan renovar vehículos. Vehículos antiguos producen una peor experiencia. Una peor experiencia empuja a más usuarios hacia las aplicaciones. Y la pérdida de usuarios vuelve a reducir los ingresos.
La verdadera amenaza para los taxistas
La amenaza para el taxi no es que mañana desaparezcan 13 mil vehículos y sean sustituidos por 13 mil automóviles de Uber o DiDi. Eso no está ocurriendo. La amenaza es más profunda: el taxi puede conservar sus unidades y perder progresivamente su relevancia.
La transformación del mercado ya ocurrió. El usuario aprendió que existe otra manera de contratar un viaje.
Por eso resulta significativo que el Congreso de Durango haya avanzado en reformas para regular expresamente el transporte ejecutivo privado operado mediante plataformas tecnológicas, reconociendo que se trata de una modalidad que ha crecido significativamente entre los duranguenses.
La conclusión
Durango no enfrenta una guerra entre 13 mil taxis contra mil vehículos de aplicaciones. En realidad enfrenta algo mucho más complejo: un modelo de transporte tradicional que perdió velocidad para adaptarse frente a un modelo digital que entendió antes cómo había cambiado el consumidor.
Los taxistas todavía tienen una ventaja enorme: infraestructura, presencia territorial, experiencia, conocimiento de las calles y una cantidad de unidades muy superior. Pero esa ventaja se está erosionando porque tener más vehículos ya no significa necesariamente tener más clientes.
El futuro del taxi duranguense dependerá menos de intentar detener a Uber o DiDi y mucho más de responder a una pregunta sencilla:
¿Por qué un usuario debería preferir un taxi tradicional cuando puede pedir un vehículo desde su teléfono, conocer al conductor, saber aproximadamente cuánto pagará y evaluar el servicio?
Si el sector tradicional no responde esa pregunta con hechos —no con discursos durante la negociación anual de tarifas—, las plataformas seguirán ganando terreno.
Y aquí está la paradoja final: Uber y DiDi no necesariamente están acabando con el taxi; el taxi tradicional corre el riesgo de quedarse atrás por no haber entendido a tiempo que el negocio ya no consiste únicamente en transportar pasajeros, sino en ofrecer una experiencia de movilidad.
La Referencia
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