Por: Felipe Correa
Durango y la presencia militar; cuatro hipótesis.
Por las carreteras de Durango se ha vuelto cada vez más común observar convoyes del Ejército Mexicano, Guardia Nacional y otras instituciones federales. La pregunta inevitable entre la población es sencilla: ¿por qué hay tantos militares en el estado?
La respuesta oficial apunta a la Estrategia Nacional de Seguridad Pública, al combate contra el crimen organizado y al fortalecimiento de las tareas de inteligencia e investigación. Y hay datos que respaldan esa explicación. Tan sólo durante junio se desarrollaron en Durango operaciones federales que dejaron decenas de detenidos y aseguramientos importantes de armas, vehículos y otros recursos vinculados con organizaciones criminales. La propia Presidencia informó que, durante ese mes, fueron detenidas 48 personas y aseguradas 121 armas de fuego, 44 granadas, más de 35 mil cartuchos, 147 vehículos y alrededor de 12 millones de pesos.
Pero la historia no terminó en junio. El 25 de agosto, el Gabinete de Seguridad informó sobre patrullajes y reconocimientos terrestres en Peñón Blanco, donde Ejército, Guardia Nacional, SSPC, Marina y FGR aseguraron armas, droga, equipo táctico y más de dos millones de pesos. Días antes, también se habían reportado detenciones y aseguramientos de armamento en territorio duranguense.
Con estos antecedentes, existen varias hipótesis razonables, pero no necesariamente excluyentes.
La primera es la más evidente: una estrategia de contención y debilitamiento de estructuras criminales asentadas o con movilidad en la región serrana. Durango comparte una zona geográfica estratégica con Sinaloa y Chihuahua, y las operaciones realizadas en Pueblo Nuevo y otras áreas de la entidad muestran que las fuerzas federales están concentrando esfuerzos en corredores considerados relevantes para organizaciones delictivas.
La segunda hipótesis tiene que ver con inteligencia y seguimiento de objetivos específicos. El operativo de junio en Mexiquillo no fue una patrulla convencional: participaron fuerzas federales y se reportó la detención de personas presuntamente relacionadas con organizaciones criminales.
La tercera posibilidad es que exista una estrategia de presencia preventiva para evitar que las disputas criminales que ocurren en entidades vecinas se desplacen hacia Durango. En materia de seguridad, esperar a que el problema llegue suele ser mucho más costoso que intentar contenerlo en sus zonas de origen o movilidad.
Y hay un cuarto elemento que no puede ignorarse: la presencia militar también puede obedecer a la necesidad de mantener control territorial en zonas donde la geografía favorece las actividades ilícitas. La sierra duranguense es extensa, accidentada y difícil de vigilar permanentemente con corporaciones policiales convencionales. El Ejército dispone de capacidades logísticas, aéreas y operativas que permiten mantener presencia en lugares donde las instituciones civiles tienen mayores dificultades para hacerlo.
Pero hay una conclusión que conviene evitar: afirmar que cada convoy militar significa que existe una inminente operación contra algún grupo criminal, una captura de alto nivel o una situación extraordinaria. Eso sería especulación.
Lo que sí puede afirmarse, con base en información pública, es que Durango forma parte de una dinámica federal de seguridad que se ha intensificado durante 2026, particularmente en materia de inteligencia, aseguramiento de armas y drogas, cateos y combate a organizaciones criminales.
La presencia de soldados, por tanto, probablemente tenga menos que ver con una sola operación y más con una estrategia prolongada de presión, vigilancia y contención.
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