Por Ricardo López Pescador
La economía mexicana experimenta un proceso de estancamiento, no crece lo necesario por falta de inversión privada, la que se ha debilitado a causa de que el gobierno federal no ha creado las condiciones para que las empresas crezcan, amplíen sus capacidades. Cualquier economía nacional para agrandarse, generar desarrollo económico y bienestar, requiere crear confianza entre quienes van a invertir su capital, y lo cierto es que el animo para invertir en México esta en caída libre durante los últimos años.
Según datos revelado por COPARMEX la proporción de empresarios que consideran que es buen momento para invertir se ubica en el 23%, es decir, solo 2 de cada 10 empresas mexicanas considera que existen condiciones favorables para realizar nuevas inversiones, lo que refleja una evidente desconfianza empresarial en el entorno económico nacional.
Los proyectos de expansión de la planta industrial se desplomaron en tan solo un año, pasando de 62% a 50%, derivado de las turbulencias que afronta la economía del país. Los poseedores de capital se abstienen de invertir debido a tres factores específicos: la incertidumbre económica, la inseguridad y el desaseo político.
La incertidumbre económica se compone de distintos factores, algunos de índole internacional y otros de carácter nacional; en cuanto a los primeros, las dificultades en la revisión del tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y la embestida unilateral del gobierno de Trump para imponer aranceles a distintos productos generan zozobra: y en cuanto al ámbito nacional, la inseguridad imperante y la agitación política ante la elección del próximo año, se han convertido en los principales factores que desaceleran las inversiones.
Es responsabilidad del gobierno crear condiciones para que las empresas se concentren en producir, generar empleos, aumentar sus capacidades tecnológicas y crecer para producir mas bienes y servicios. El estado mexicano debería enfocar sus esfuerzos en garantizar un entorno de confianza con seguridad pública, certeza jurídica, instituciones confiables y una regulación clara.
Es difícil que las inversiones crezcan cuando el sector empresarial del país es victima cotidiana de delitos, según datos de #DataCoparmex el 45.6% de los empresarios ha sufrido un acto delictivo, es decir, 1 de cada 2 afrontó una situación de inseguridad, siendo la extorsión y el robo de mercancías en tránsito, las dos conductas delincuenciales mas recurrentes.
Ante dicha situación, casi el 60 por ciento de las empresas se ha visto en la necesidad de invertir en gasto de seguridad para proteger el traslado de los insumos y de sus productos, en vez de destinar recursos a modernización y la expansión de sus líneas de producción. Otra dificultad es que 5 de cada 10 empresas manifiesta problemas para realizar tramites gubernamentales debido a la corrupción y los deficientes servicios gubernamentales.
Las principal obligacion de todo gobierno responsable es la de garantizar seguridad a la población para realizar sus actividades productivas con tranquilidad y paz, pero, la percepción colectiva es que el gobierno de México no ha sido capaz de pacificar el país porque muchos de sus funcionarios se han coludido con el crimen organizado y con ello renuncian a su responsabilidad de proteger a la sociedad y de hacer prevalecer el estado de derecho; tampoco hacen algo concreto para fortalecer las instituciones y crear un ambiente de confianza en los procesos electorales.
El ciclo es claro: México no crece por falta de confianza, sin confianza no hay inversión, sin inversión no hay desarrollo económico, sin desarrollo económico no hay generación de empleos, sin generación de empleos no hay desarrollo social, sin desarrollo social no hay prosperidad personal de trabajadores y sus familias.
Desde la cúspide del poder público del país se debería gobernar con visión de Estado, procurando el bienestar social que solo es posible con más generación de riqueza, es inaplazable que se abandone la ruta de gobernar para proteger los intereses políticos de un grupo de poder. Es necesaria una conducción sensata del país, apegada a los principios originarios plasmados en la constitución, solo así es posible avizorar una economía vigorosa, coincidente con las enormes riquezas naturales que poseemos.
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