Por: Felipe Correa
El costo de volver a clases
El lunes, millones de niñas y niños en México iniciaron el ciclo escolar 2025-2026 en preescolar, primaria y secundaria. Para las familias, este arranque no solo significa ilusiones y retos académicos: también representa un gasto que cada año golpea más fuerte sus bolsillos.
Los padres han debido destinar parte importante de su presupuesto a la compra de útiles escolares, uniformes, mochilas, cuotas “voluntarias” y otros gastos que, en la práctica, nunca son tan opcionales como se anuncian.
De acuerdo con la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), el costo de la lista básica de útiles varía entre $203 y $418 pesos en los primeros grados de primaria; entre $223 y $454 para tercero; y hasta $493 para sexto. En secundaria, la cifra puede escalar de $295 a casi $600 pesos. Todo esto sin contar uniformes, calzado ni el transporte.
En Durango, la Secretaría de Educación pidió a los padres esperar la entrega de apoyos escolares estatales antes de hacer compras mayores. La medida es positiva, pero no resuelve el trasfondo: la inequidad. Cada ciclo escolar deja ver con crudeza la brecha entre quienes pueden adquirir sin dificultad lo necesario y quienes deben endeudarse o reciclar materiales de años anteriores.
Reciclar, remendar y reutilizar útiles es un consejo práctico, pero también una muestra de cómo muchas familias sobreviven ante un sistema que no garantiza plenamente el derecho a la educación sin presiones económicas. El Estado cumple al ofrecer uniformes gratuitos en Durango, una excepción frente al resto del país, pero queda pendiente la discusión de fondo: ¿por qué la educación pública sigue implicando tantos gastos ocultos?
Mientras tanto, el regreso a clases significa madrugones, tráfico y ajustes en la rutina. Para los estudiantes, el reto es llegar a tiempo, adaptarse a nuevas etapas y mantener la motivación. Para los padres duranguenses, la tarea es más compleja: sostener la educación de sus hijos en medio de una economía frágil, donde un ciclo escolar más puede traducirse en una deuda más.
La educación debería ser un derecho pleno, no un lujo anual. Ese es el verdadero examen que las autoridades siguen reprobando.
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