Por: Felipe Correa
Inicia Ochoa su segundo periodo
El 1 de septiembre del presente año, el alcalde de la capital de Durango, José Antonio Ochoa, inició su segundo periodo administrativo. Una etapa en la que cada día cuenta y en la que será necesario “pisar el acelerador” si desea mantener viva la aspiración de ser considerado como candidato a la gubernatura. Para ello, no bastará con el respaldo de los partidos que integran la coalición ni con la simpatía de la parte oficial.
Ochoa deberá corregir en aquellas direcciones y áreas donde los resultados quedaron por debajo de las expectativas.
Uno de los tropiezos más costosos para su administración fue la designación de quien encabezó Comunicación Social. Aunque se desconocen los motivos reales de su salida repentina, lo cierto es que se fue por la puerta de atrás, dejando acciones inconclusas y la percepción de que no cumplió con su labor. Peor aún, parece haber perdido la confianza del alcalde y de un sector del gremio periodístico. En ese momento, quien tuvo que tomar el control y salvar la situación fue Ixcel Carmona, una profesional reconocida por su habilidad, experiencia y calidad humana, considerada una de las mejores en su área. El caso de Alejandro González Martínez, destacó por tratar de no meterse en problemas, su falta de previsión en temas de agenda política fueron evidentes, su gran oportunidad no fue del todo aprovechada. Ahora, la responsabilidad de la comunicación recae en Aarón González, cuyo desempeño será clave en este nuevo periodo.
Otro de los errores fue la designación en la entonces UTIM, hoy Dirección de Acceso a la Información. El nombramiento resultó ser, por lo menos, una pésima decisión. Ese funcionario también salió por la puerta trasera del gobierno municipal anterior. Hoy, Ochoa tiene la oportunidad de corregir el rumbo y mejorar la transparencia y el acceso a la información.
El alcalde sabe que está en una competencia diaria, donde cada error será magnificado y cada logro apenas reconocido. La sociedad duranguense está cansada de esperar; los discursos ya no convencen y los eventos parecen más un espectáculo que una rendición de cuentas. La ciudadanía exige resultados reales, no eslóganes.
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