Por Ricardo López Pescador
El pasado fin de semana el expresidente Andrés Manuel López Obrador amagó con regresar a la vida política activa. Con el pretexto de presentar su libro, aseguro -mediante un video grabado en su rancho- que saldría de su retiro, “a caminar las calles” en caso de presentarse tres situaciones: si se atenta contra la democracia, para defender a la presidenta Claudia Sheinbaum contra algún eventual golpe de Estado y para defender la soberanía de México.
Resulta una paradoja el pretexto de “cuidar la democracia” cuando ha sido su movimiento el que en los últimos siete años ha debilitado el sistema democrático al deteriorar la división de poderes, restringir los mecanismos de transparencia y rendición de cuentas, suprimir los órganos autónomos, acabar con la independencia de los jueces, aumentar el poder del gobierno a costa de los derechos y libertades de los ciudadanos. Nadie ha atentado mas contra los principios de la democracia que los gobiernos de morena.
El segundo supuesto que dijo es “defender a la Presidenta” en caso de un golpe de Estado. La interrogante que surge es cómo estarán evaluando a la jefa del Ejecutivo los altos mandos de morena para creer que en caso de un intento de golpe de Estado necesitaría que alguien que esta fuera de las instituciones debe actuar para defenderla. El sistema constitucional mexicano tiene mecanismos a disposición de quien ejerce legalmente el poder presidencial para encauzar cualquier situación. ¿de donde le viene a ese personaje la facultad para anunciar que en ese caso él sería el salvador? ¿acaso siente que posee mas poder y capacidad de maniobra que la actual Mandataria?
Y en la tercera hipótesis de la amenaza que es defender la soberanía de México ¿acaso no tiene el Estado Mexicano instituciones para defender la soberanía? Ahí están las facultades que la Constitución otorga a los tres poderes de la unión, del Ejercito y la Marina para enfrentar cualquier emergencia. Nadie puede estar por encima de ellos en caso de riesgo de la soberanía de la nación.
Desde el Maximato ejercido por Plutarco Elías Calles en los años treintas del siglo pasado ningún expresidente se había atrevido a enviar un mensaje político de esta magnitud a quien ejerce el poder presidencial.
Es una situación con síntomas de gravedad el que la nomenclatura del partido que la llevó al poder vea ahora frágil a la Presidenta. Los signos mas evidentes de esa debilidad quizá los ubiquen en la perdida de persuasión de la palabra presidencial, toda vez que durante seis años el país fue gobernado con una narrativa, un relato mentiroso que cautivaba a amplios segmentos de la sociedad.
La mañanera ya no es el centro del universo de la 4T. Los hechos, la terca realidad, superan los dichos que a diario emite el gobierno; las finanzas públicas son insuficientes para atender los asuntos fundamentales y para lubricar la gobernabilidad, por eso la protesta en calles, plazas y carreteras de maestros, transportistas, campesinos y jóvenes.
La amenaza de AMLO de salir del retiro no es señal de fortaleza, sino el mayor signo de debilidad que ha enfrentado la actual Mandataria.
México ya experimentó a un caudillo astuto y compulsivo, autoexiliado, que amenazaba con regresar a tomar las riendas cuando él consideraba que el país estaba en riesgo. Lo hizo Antonio López de Santa Anna para desgracia de la patria, con él perdimos la mitad del territorio nacional. Esa lección de la historia la aprendimos bien, no es tiempo de abrir grietas para una repetición desastrosa de esa magnitud.
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