POR: LILY ORTIZ
¿En qué momento dejamos de proteger a nuestras niñas y niños? Lo que sucede no son casos aislados.
Este fin de semana, en Sonora, tres hermanitas y su madre fueron brutalmente asesinadas, sus cuerpos, con evidentes signos de violencia, fueron encontrados en una carretera, aún con sus pijamas puestas, y abrazadas entre ellas, protegiéndose. La imagen, descrita por una integrante del colectivo “Buscadoras por la Paz Sonora”, es aterradora y simbólica de lo que está profundamente mal en este país: en México, se están asesinando niños y niñas con una crueldad que ya no conmociona como debería.
¿Qué puede estar tan roto en una sociedad que es capaz de mirar hacia otro lado mientras se ejecutan a tres pequeñas hermanas? ¿Qué clase de país estamos construyendo donde matar a niñas no genera un quiebre colectivo inmediato, sino que se pierde en el torrente de noticias violentas del día?
Este crimen no es un hecho aislado y mienten los que lo digan; y para muestra un botón. De enero a marzo de 2025, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), se han registrado 570 homicidios de niñas, niños y adolescentes. Guanajuato, Michoacán, Oaxaca y Jalisco lideran esta lista fúnebre. Todos los días, literalmente, se asesina a menores de edad en México. Y no se está alarmando, solo se está señalando la realidad, sin duda, es una estadística que hiere la conciencia nacional; claro, si es que todavía tenemos una.
Las voces políticas no tardaron en pronunciarse, Jorge Romero, presidente nacional del PAN, y Alejandro Moreno, dirigente del PRI, ambos en lo individual condenaron el crimen. Romero habló de dolor e indignación; Moreno acusó omisión del gobierno federal. Y si, ambas declaraciones son válidas en lo emotivo; pero insuficientes si no se traducen en acciones y soluciones concretas.
Porque ya basta de utilizar el dolor de las víctimas como argumento para posicionamientos partidistas, lo que se necesita no son mensajes en redes sociales, sino acciones articuladas, efectivas, y sostenidas para frenar esta masacre de la infancia. Se necesitan políticas públicas que no solo en el papel sino en la realidad se proteja; de lo contrario, cada declaración será solo parte del ruido político.
Es positivo que las diputadas federales del PRI hayan anunciado un punto de acuerdo para exigir al fiscal general de la República que investigue a fondo estos crímenes; pero también hay que decirlo claro: las exigencias deben ir acompañadas de propuestas legislativas con enfoque en prevención, protección y justicia infantil. No basta con señalar omisiones ajenas; hay que asumir responsabilidades propias.
Los asesinatos de estas tres niñas son el rostro visible de una tragedia cotidiana que nos está dejando sin infancia, sin esperanza y, sobre todo, sin alma. El país que permite que se asesinen a niños y niñas con impunidad es un país que ha perdido su humanidad; que ha ido perdiendo empatía y solidaridad con el prójimo.
Lo anterior nos llama de manera urgente a una reflexión colectiva, pero más que eso, urge una transformación del sistema de justicia, de las políticas públicas, del tejido social.
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