POR: LILY ORTIZ
El adiós de Noroña: entre la tribuna y el show
Se va Gerardo Fernández Noroña de la presidencia del Senado, y para nada se va en silencio; apenas hace un año; si ya sé, aunque parezca mucho más, pero no, hace un año subió a la tribuna con esa solemnidad de quien se siente parte de la historia, ahí en esa máxima tribuna prometió ser institucional, respetuoso, garante del diálogo. Y claro lo fue; siempre que el diálogo coincidiera con lo que él pensaba, porque el resto del tiempo, el Senado se convirtió en un foro de stand-up involuntario, se volvió una costumbre las interrupciones, regaños, chascarrillos, y esa facilidad para enojarse; que si fuera un partido de fútbol a varios hubiera expulsado desde los primeros minutos.
La oposición lo sufrió, claro; aunque, hay que decirlo, también lo disfrutó y muchos junto con ellos, Fernández Noroña era la fábrica de material para discursos, memes y conferencias de prensa. No me van a negar que bastaba un par de minutos de sesión para que hubiera material fresco. Y vamos desde el incidente con un senador estadounidense, las discusiones a grito pelado, las reprimendas públicas a quien se atreviera a “salirse del guion”, los múltiples fines y diretes con su homóloga Lily Téllez; el hombre entendió el cargo como un púlpito desde el cual sermonear, no moderar.
Ahora que termina su periodo, asegura que fue “institucional” y que deja logros, aunque no especifica cuáles, quizá para no romper el misterio sobre ellos. Lo cierto es que deja más anécdotas que reformas, más titulares que acuerdos. Y un Senado agotado de tanta adrenalina y pleito parlamentario; y sí dije pleito que no es lo mismo eso que debate.
Por tanto, Morena ya prepara su siguiente acto, y por aquello de la alternancia de género, se perfila que una mujer tome la batuta, hay nombres que suenan entre los pasillos como el de Laura Itzel Castillo o Guadalupe Chavira. Y no me dejarán mentir que algunos suspiran de alivio; pues se dice que con cualquiera de ellas habrá más diplomacia y menos decibeles.
Ahora bien, el actuar de Fernández Noroña ¿le cobrará factura? Esa es la pregunta, tal vez; el estilo Noroña que es estridente, confrontativo, inagotable funciona en campaña y por supuesto en redes; pero en cargos donde se necesita sumar voluntades, suele dejar cicatrices; de esas que ni con nada se quitan. Si Morena busca proyectar serenidad en el Senado, quizá lo guarde en la vitrina de los oradores incómodos, de esos que se usan para incendiar plazas, no para apagar fuegos.
Se va como llegó; convencido de que siempre tuvo la razón, seguro de que su estilo es el correcto. Y, hay que admitirlo, con una habilidad única para que nadie olvide que estuvo ahí. Porque en política, como en el teatro, a veces no importa la obra, sino quién hizo más ruido en el escenario, y vaya que Fernández Noroña nos dio show.
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