POR: LILY ORTIZ
La reforma electoral y la sombra de la decisión ya tomada.
La presidenta Claudia Sheinbaum anunció la instalación de la Comisión para la Reforma Electoral, un organismo que, en el papel, tiene como objetivo abrir un proceso de consulta y diálogo para rediseñar las reglas del juego democrático en México; la narrativa oficial habla de pluralidad, inclusión y respeto a todas las voces; pero solo respeto, por qué en sí no tienen voto; aunque el contexto político y las señales enviadas por algunos de sus actores más visibles invitan a la cautela.
El antecedente inmediato no ayuda, habrá que recordar las encuestas y foros sobre la reforma judicial, que terminaron siendo más un trámite de validación que un verdadero espacio de deliberación; y el tiempo dio la razón con las declaraciones recientes del senador, Gerardo Fernández Noroña, mismas que son un recordatorio incómodo: “Claro que no les hacemos caso… si decidimos que debería elegirse el Poder Judicial, es obvio que eso no lo íbamos a cambiar por más que oyéramos a cualquier cantidad de personas que dijeran que no lo hiciéramos”. Con frases así, el mensaje es claro; se escuchará, pero no necesariamente se atenderá lo escuchado; tal vez se buscará una falsa validez de lo que ya está más que planchado desde palacio federal.
Si se parte de esa lógica, ¿qué tan genuino puede ser el proceso que inicia con la reforma electoral? ¿Es real la voluntad de modificar la propuesta si las consultas arrojan un rechazo ciudadano o técnico a las ideas centrales, como la posible eliminación de diputados plurinominales? ¿Si lo que se opina y arrojan sus famosas encuestas, va en contra de la 4T, se va a tomar en cuenta? Y entonces es aquí donde la confianza se tambalea; nombramiento de todos los integrantes de la Comisión directamente desde Palacio Nacional, con perfiles de absoluta cercanía y lealtad a la Presidenta, tampoco ayuda a disipar las dudas.
Sin embargo, contraste, mínimo por cierto, pero al fin contraste fue Ricardo Monreal, coordinador de los diputados de Morena, declaró que el partido está abierto al diálogo y a escuchar propuestas una vez que el tema llegue a San Lázaro. Esa disposición suena conciliadora, pero choca frontalmente con la postura inflexible que exhibe Noroña. Aunque tampoco sorprende que a estas alturas de la vida entre ellos se contradigan, para decir que luego que no hay fracturas y que solo son diferencias mínimas.
El reto de esta Comisión no es menor. Para que sus foros no terminen convertidos en una escenografía de pluralidad, será indispensable que se garantice la inclusión de voces críticas, que se incorporen verdaderamente las observaciones de académicos, partidos y ciudadanía, y que se abandone la idea de que las decisiones están tomadas de antemano, cosa que sinceramente vemos difícil. Si el resultado es percibido como un traje a la medida de la 4T, no solo la reforma electoral fracasará en legitimidad, sino que el costo político podría ser mayor que el beneficio.
En democracia, las reglas deben construirse con la mayor base de consenso posible, porque son las que definirán la competencia futura. Si la reforma nace desde una convicción única, blindada contra cualquier disenso, lo que se instala no es una nueva arquitectura electoral, sino la crónica de un resultado anunciado y tal vez fallido.
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