POR: LILY ORTIZ
“Cuando el guion nacional no aplica en lo local”
Hay dirigentes nacionales que recorren el país como si llevaran bajo el brazo un guion ya ensayado, listo para soltarse en cualquier estado, y solo cambian el nombre del lugar en el discurso, ajustan un par de frases para sonar empáticos, y listo; el problema es que ese libreto, tan útil para la narrativa nacional, pocas veces resiste el contraste con la realidad local.
El caso más reciente lo protagonizó Luisa María Alcalde, presidenta nacional de Morena, quien en su visita a Durango aseguró que el programa de apoyo a personas con discapacidad no se concretó porque “el Gobierno del Estado no quiso firmar el convenio con la Federación”, argumentando que el obstáculo fue de tipo partidista: un gobierno estatal de un color y un gobierno federal de otro.
Suena bien, verdad… si no fuera porque los hechos dicen otra cosa.
Durante el tiempo en que Jonathan Jardines estuvo al frente de la Delegación de Bienestar en Durango, se rompieron todos los puentes de comunicación con las autoridades estatales. No hubo reuniones, no hubo coordinación, no hubo ni llamadas contestadas. Y lejos de preocuparse por la operación de los programas sociales, el entonces delegado fue señalado públicamente por actuar como operador político durante las campañas electorales pasadas.
En ese contexto, afirmar que el gobierno estatal se negó a apoyar por razones partidistas no solo es una imprecisión, sino una simplificación que encubre una gestión ineficiente dentro de la propia delegación federal. Es aquí donde uno se pregunta si los líderes nacionales reciben un breve informe antes de hablar o simplemente les mandan frases genéricas, porque, con todo respeto, venir a Durango con un libreto nacional y sin conocer el contexto local, suele tener el efecto contrario al que se busca: en vez de fortalecer el mensaje, lo debilita.
Y aquí vale hacer una pausa; no es un fenómeno exclusivo de Morena. La desconexión entre las dirigencias nacionales y la realidad de los estados es un mal compartido. Hace ya hace un tiempo, siendo dirigente nacional del PAN, Marko Cortés, elogió públicamente los logros del anterior gobierno panista de Durango justo cuando el estado enfrentaba cuestionamientos por desvíos, deuda y malos manejos. Una muestra más de cómo los discursos prearmados pueden volverse un bumerán político.
El problema radica en que los liderazgos nacionales suelen mirar el país desde una torre centralista, donde todo se ve en blanco y negro. Y así es fácil caer en la trampa del discurso genérico: ese que sirve igual para Sonora, Chiapas o Durango, pero que en realidad no representa a ninguno.
Durango tiene su propio pulso político, su propia historia y sus propias formas de hacer acuerdos. Aquí, las alianzas se construyen o se rompen, más por trato y confianza que por consigna partidista. Por eso, cuando alguien llega desde la capital a hablar de “falta de voluntad” sin haber pisado el terreno, inevitablemente desentona.
En política, la información es poder, pero también es responsabilidad. Y cuando los dirigentes nacionales hablan sin conocer los hechos locales, no solo exhiben desconocimiento: también dejan mal parados a sus propios cuadros. Porque mientras en los discursos se habla de unidad y coordinación, en la práctica se siembra confusión.
Quizá lo que hace falta no son más discursos, sino más escucha; más diálogos reales con quienes conocen el contexto desde dentro. Así que, con todo respeto, antes de subir al templete con un libreto preestablecido, convendría revisar si el guion aplica para la función local, de lo contrario, los aplausos pueden convertirse en una comedia involuntaria.
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