POR: LILY ORTIZ
Entre la expectativa y la curda realidad del Paquete Económico 2027.
El Paquete Económico 2027 ya está en manos de la Cámara de Diputados y con él comienza uno de los debates más importantes del año: decidir en qué se gastará el dinero de los mexicanos y, sobre todo, si las expectativas económicas del Gobierno Federal son suficientemente realistas para sostener ese gasto.
Hacienda plantea un escenario de crecimiento económico para 2027 que puede llegar hasta 2.5 por ciento en términos reales, apoyado en un mercado laboral sólido, mayor dinamismo de las exportaciones, recuperación de la inversión y una inflación controlada; y sí, son señales positivas, pero el verdadero reto será convertir ese crecimiento esperado en mejores condiciones de vida.
Porque un presupuesto no puede construirse solamente sobre expectativas, también debe contemplar qué ocurrirá si el crecimiento es menor al previsto, si disminuye la inversión o si cambian las condiciones económicas internacionales.
México necesita crecer, pero definitivamente también necesita decidir mejor en qué gastar. Los programas sociales son ya parte de la realidad de millones de familias y sería poco serio plantear su desaparición, pero… el debate debería estar en su sostenibilidad y en acompañarlos con políticas que generen inversión, empleo formal y productividad.
Pero hay áreas donde el margen de discusión debería ser todavía menor: salud, educación y seguridad.
En salud, la deuda sigue siendo evidente: hospitales, medicamentos, personal médico y atención oportuna. En educación, no basta con becas; hacen falta escuelas dignas, tecnología, infraestructura y mejores condiciones para que los jóvenes permanezcan en las aulas. Y en seguridad se requiere fortalecer policías locales, inteligencia, investigación y procuración de justicia; en este tema jamás se debe de bajar la guardia.
Hay otro tema que los legisladores deben revisar con especial cuidado: los recursos para estados y municipios; y es que reducir participaciones o aportaciones federales tiene un efecto en cadena; menos dinero para los estados significa, en muchos casos, menos recursos para los municipios y, finalmente, menos capacidad para atender servicios, infraestructura, seguridad, agua y obra pública.
No se trata de pedir un presupuesto sin límites, eso sería imposible; se trata de evitar que el ajuste termine recayendo precisamente en los gobiernos que tienen el contacto más directo con la ciudadanía.
Y aquí aparece el componente político.
Morena y sus aliados tienen una mayoría amplia en la Cámara de Diputados, suficiente para aprobar las decisiones fundamentales; eso hace todavía más importante que exista un debate de fondo y no solamente una votación de mayorías.
Una mayoría tiene derecho a sacar adelante su propuesta, pero también tiene la responsabilidad de escuchar y modificar aquello que pueda mejorarse. La oposición, por su parte, debe hacer lo propio: menos descalificación y más propuestas con números, argumentos y alternativas viables; aunque en este punto poco se puede hacer ya que van predispuestos a que lo que se plante se tomará como letra muerta.
El Paquete Económico 2027 debería responder preguntas muy concretas: ¿qué pasa si no se alcanza el crecimiento esperado?, ¿qué gasto será prioritario?, ¿qué se puede ajustar sin afectar servicios esenciales?, ¿y cómo se protegerán las finanzas de estados y municipios?
Sinceramente el éxito de un presupuesto no estados que sea privado ni el cono; sino en que funcione.
México necesita estabilidad, pero también crecimiento; necesita mantener los apoyos sociales, pero generar condiciones para depender menos de ellos; necesita inversión, pero también servicios públicos de calidad.
Por eso, el debate del Paquete Económico 2027 no debería reducirse a cuánto dinero se va a gastar; debería de ser en el sentido sobre qué país se está construyendo con ese dinero y quién terminará pagando la factura si las expectativas no se cumplen.
Aquí estaría el verdadero debate en San Lázaro; aunque siendo sinceros con la mayoría aplastante que tiene Morena y aliados, difícilmente se pudiera ver un debate, un cambio de ideas y propuestas que más allá de los tintes políticos realmente sean tiros certeros a un beneficio del pueblo; de ese PUEBLO que todos dicen manda y es primero y que muchas veces se olvida.