Cuesta de enero: la inflación baja… pero no se baja del bolsillo
Por: Alejandro Flores de la Parra.
Cada año el calendario arranca con una tradición más puntual que los propósitos de gimnasio: la cuesta de enero. Y aunque los discursos oficiales insistan en que “vamos mejor”, la cartera de los mexicanos suele tener otros datos.
El reporte más reciente del Inegi confirma lo que cualquier visita al supermercado ya había diagnosticado sin necesidad de estadística avanzada: los precios volvieron a apretar. La inflación anual se aceleró a 3.77%, mientras que en la primera quincena del año el Índice Nacional de Precios al Consumidor subió 0.31%. Es un aumento modesto en el PowerPoint, pero considerable en la vida real.
La buena noticia —si se le puede llamar así— es que el dato quedó por debajo de las predicciones más pesimistas de los analistas financieros. Citi, por ejemplo, esperaba 3.92%. Es decir, el fenómeno no fue huracán, apenas tormenta tropical. El problema es que, para el consumidor promedio, mojarse menos no significa estar seco.
El alivio estadístico… y la presión real.
A simple vista, el 3.77% parecería un número manejable, incluso dentro del rango de tolerancia del Banco de México. Pero el diablo —y la inflación— siempre están en los detalles.
El componente que realmente importa, la inflación subyacente, aquella que marca la tendencia de mediano y largo plazo, se ubicó en 4.47% anual, su nivel más alto para una primera quincena de enero desde 2014. En otras palabras: la inflación “estructural” sigue viva, fuerte y sin planes de dieta.
Mientras la no subyacente (energéticos, tarifas gubernamentales y agropecuarios) se moderó a 1.43%, lo que maquilló el dato general, la subyacente sigue presionando donde más duele: mercancías y servicios cotidianos. Lo que se compra diario. Lo que no se puede posponer.
Ahí están los números:
• Cigarrillos: +12.22%
• Refrescos azucarados: +3.97%
• Loncherías, fondas y taquerías: +0.75%
Nada exótico. Nada de lujo. Puro consumo popular.
Si el termómetro de la inflación fueran los tacos y el refresco, la fiebre sería evidente.
El IEPS: el impuesto que “cuida tu salud”… y vacía tu bolsillo.
Buena parte del repunte tiene nombre y apellido: el IEPS. Ese impuesto que oficialmente busca desalentar el consumo de productos nocivos terminó alentando otra cosa: la percepción de que el Estado siempre encuentra nuevas formas de recaudar, aunque el ingreso familiar no crezca al mismo ritmo.
Cigarros y refrescos encabezan los aumentos por los ajustes fiscales de inicio de año. La teoría es noble: salud pública. La práctica es más prosaica: más pesos por los mismos productos.
Es una pedagogía peculiar. Se educa al ciudadano a no fumar ni tomar azúcar… cobrándole más.
El problema es que la inflación no distingue entre pedagogía fiscal y realidad doméstica. El impacto es inmediato.
Banxico y la paradoja de las tasas.
Mientras tanto, el Banco de México envía señales de que podría seguir recortando la tasa de interés, que ya bajó a 7% en diciembre. La lógica es estimular la economía, abaratar el crédito y darle oxígeno al crecimiento.
Pero aquí aparece la paradoja clásica: si la inflación subyacente sigue elevada, bajar tasas puede convertirse en gasolina para el fuego.
Es como abrir la llave del riego cuando todavía no termina la lluvia.
Gabriela Siller, de Grupo Base, lo resume con claridad: la inflación se ha mantenido debajo del 4% gracias al componente volátil, no porque la presión estructural haya cedido. Traducido al español coloquial: el problema no se fue, sólo se escondió.
Política, narrativa y realidad.
En términos políticos, el dato es incómodo pero manejable. No hay crisis, pero tampoco victoria.
El Gobierno puede presumir que la inflación no se disparó como se temía. La oposición puede señalar que el poder adquisitivo sigue erosionándose. Y el ciudadano, atrapado entre ambos discursos, seguirá comparando precios con la memoria histórica del “¿no costaba esto menos el año pasado?”.
Porque la inflación tiene una característica cruel: no necesita grandes cifras para sentirse. Basta con que el súper salga 150 pesos más caro para que cualquier narrativa macroeconómica pierda credibilidad.
Ahí es donde los números oficiales chocan con la economía emocional del hogar.
Lo que viene.
Si la subyacente no cede, la cuesta podría prolongarse más allá de enero. Y si Banxico recorta tasas demasiado rápido, el alivio crediticio podría convertirse en más presión de precios. Es un equilibrio delicado.
México no enfrenta una crisis inflacionaria, pero tampoco puede cantar victoria. Está en esa zona gris donde el discurso dice “estabilidad” y la cartera dice “cuidado”.
Quizá la mejor definición sea esta: no estamos peor de lo esperado, pero seguimos más caros de lo deseable.
Y eso, para millones de familias, no es un dato técnico. Es el menú del día.
La Palabra del Giocondo
Minerales, soberanía y geología política: el subsuelo también vota.Por: Alejandro Flores de la Parra.En política mexicana hay palabras que...