Dos Bocas: cuando la política cuesta más que la gasolina.
Por: Alejandro Flores de la Parra.
México comienza a entrar, inevitablemente, en la temporada electoral de 2027. Los nombres, las candidaturas anticipadas, las alianzas imposibles, las encuestas convenientes y las declaraciones estridentes comienzan a ocupar titulares y conversaciones. Es comprensible: pocas cosas producen más espectáculo que un político intentando convertirse en candidato.
Pero mientras discutimos quién quiere gobernarnos mañana, quizá convendría dedicar un poco más de tiempo a revisar cómo están gobernando hoy.
Dos Bocas ofrece una oportunidad magnífica para hacerlo.
La Refinería Olmeca fue presentada originalmente como una obra que costaría alrededor de 8 mil millones de dólares. El Universal, con datos oficiales, reporta ahora que su costo acumulado supera los 21 mil millones de dólares, unos 356 mil millones de pesos al tipo de cambio referido por el diario. Pemex, por su parte, reconoció en su reporte anual ante autoridades estadounidenses que al presupuesto autorizado para construcción y arranque —16 mil 816 millones de dólares— se agregaron recursos para gastos operativos, manejo, transporte y almacenamiento.
Las matemáticas, desgraciadamente, tienen una marcada tendencia opositora: no entienden de discursos.
La otra cifra incómoda apareció en junio. Dos Bocas produjo entonces alrededor de 141 mil barriles diarios de combustibles, aproximadamente 41% de los 340 mil barriles diarios para los que fue diseñada. Pemex ofrece una explicación atendible: durante 2026 hubo mantenimientos preventivos, trabajos de rehabilitación e incidentes operativos que afectaron temporalmente la producción.
Y aquí es donde el análisis debe alejarse de la propaganda, pero también del catastrofismo.
Porque decir que Dos Bocas está condenada al fracaso sería apresurado. La propia petrolera asegura que durante agosto el procesamiento se recuperó hasta un promedio cercano a 248 mil barriles diarios y que los días 25 y 26 alcanzó 275 mil y 280 mil, respectivamente. Es decir, la planta sí está incrementando su utilización.
El problema es otro.
Una obra pública no puede evaluarse solamente preguntando si finalmente funciona. También debemos preguntar cuánto costó, cuánto debía costar, cuándo debía estar funcionando plenamente y qué obtiene el país a cambio de cada peso invertido.
De lo contrario, cualquier proyecto podría considerarse exitoso con suficiente presupuesto y suficiente paciencia.
Dos Bocas fue inaugurada políticamente en julio de 2022, comenzó a producir combustibles hasta 2024 y todavía en 2026 atraviesa procesos de estabilización, mantenimiento y recuperación operativa. El debate, entonces, debería abandonar la simplificación infantil de decidir si la refinería es “buena” porque la construyó López Obrador o “mala” porque la construyó López Obrador.
La pregunta verdaderamente importante es mucho menos ideológica y bastante más incómoda: ¿fue una buena decisión financiera para México?
Y ahí entra el concepto que rara vez cabe en un mitin: el costo de oportunidad.
Cada dólar utilizado en una refinería que terminó costando sustancialmente más de lo proyectado es un dólar que no pudo destinarse a hospitales, infraestructura hidráulica, carreteras, generación eléctrica, seguridad, educación o incluso a otras inversiones energéticas. Eso no significa que esos 21 mil millones hubieran terminado necesariamente en esos rubros; significa algo más elemental: los recursos públicos son finitos y elegir una cosa siempre implica renunciar a otra.
Hay además una segunda discusión. Con precios internacionales del petróleo elevados, utilizar más crudo para refinarlo internamente significa exportar menos y, por tanto, sacrificar ingresos en dólares. Refinar puede ser estratégicamente correcto, pero sólo si el valor generado por los combustibles producidos compensa razonablemente aquello que México deja de ingresar vendiendo ese petróleo.
Ésa debería ser la discusión pública.
Sin embargo, rumbo a 2027 seguramente escucharemos durante meses quién traicionó a quién, quién encabeza determinada encuesta, quién se tomó una fotografía con quién y qué partido descubrió súbitamente que su candidato es exactamente lo que México necesita.
Mientras tanto, Dos Bocas seguirá ahí, recordándonos algo bastante menos entretenido: la política no sólo debe medirse en votos; debe medirse en resultados.
Porque los errores electorales pueden corregirse en la siguiente elección.
Los presupuestales, en cambio, solemos pagarlos todos
La Palabra del Giocondo
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