Por: Jorge Anima
Los retos de Citlali
Citlali Hernández quien actualmente preside la comisión nacional de elección desde el 16 de abril pasado tiene una papa caliente en las manos
Hasta el 3 de mayo en donde se eligirá la nueva dirigencia nacional de morena po consejo tiene una presidencia vacía que legalmente está,pero políticamente no tiene peso, las desiciones y rumbo dependen de ella
Tiene en sus manos el futuro del movimiento cuatroteista, por qué si no teje fino terminará por romper por los hermanos menores, por finiquitar la alianza con el verde y PT quienes se sintieron menos con Alcalde y ahora es cuando Citlali Hernández tiene que sacar a relucir su experiencia, recordando que ella fue secretaria general de morena del 2020 al 2024 siendokoieza clave en la alianza electoral que llevo a la actual presidenta Claudia Sheinbaum la victoria con mayor número de votos en la historia del País
Cómo presidenta de la comisión de elecciones la propia Citlali ha realizado declaraciones interesantes al expresar nada de cuotas y cuates, en el discurso es correcto en los hechos me parece que se extralimita, ¿Que pasará cuando los aspirantes rojos y verdes no se vean favorecidos en las mediciones, aceptarán ir a la batalla electoral con pocas canicas para ganar?
La premisa conecta con una demanda ciudadana legítima: acabar con el reparto de candidaturas por acuerdos cupulares y privilegiar la competitividad electoral. Sin embargo, llevar esa lógica a la práctica dentro de un sistema de alianzas tan complejo como el que sostiene a Morena es, por decir lo menos, un desafío mayor.
Porque si bien las encuestas pueden convertirse en un instrumento de legitimación, también chocan con la realidad política de los aliados. Tanto el Partido del Trabajo como el Partido Verde han construido históricamente su influencia no necesariamente en función de su peso electoral puro, sino de su capacidad de negociación. Y ahí es donde aparece la primera contradicción: difícilmente estos partidos aceptarán un esquema donde su margen de maniobra quede reducido a lo que dicte un ejercicio demoscópico.
En términos concretos, es poco probable que, bajo un criterio estrictamente de encuestas, perfiles del PT o del Verde logren imponerse en plazas clave frente a aspirantes de Morena. Su lógica política no es competir únicamente por
popularidad, sino por espacios de poder.
El problema para Citlali no es el planteamiento, sino la gobernabilidad interna que implica sostenerlo.
A esto se suma un segundo factor: la volatilidad de las alianzas. El Partido Verde ha demostrado en distintos estados que su lealtad no es incondicional, y que puede optar por rutas propias si considera que sus intereses no están siendo atendidos. El PT, por su parte, también ha tenido episodios donde juega al límite, tensando la cuerda en negociaciones, muestra de ello es el plan B en donde descafeinaron el planteamiento inicial
En ese contexto, imponer una regla general de “todo por encuesta” puede convertirse en un arma de doble filo. Por un lado, fortalece el discurso de transparencia y meritocracia; por el otro, puede fracturar acuerdos políticos que han sido clave para la consolidación territorial del movimiento.
El reto de Citlali Hernández, entonces, no es menor. Se trata de encontrar el punto de equilibrio entre la narrativa que exige la militancia y la realidad que impone la política de coaliciones. Entre la legitimidad de las encuestas y la necesidad de mantener cohesionados a los aliados.
Porque al final, en política, las reglas no solo deben ser justas; también deben ser viables.
Y ahí es donde comienza la verdadera prueba.
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