EL ARTE DE LAS NUEVAS FORMAS DE GUERRA: POLÍTICA Y FUTBOL
Cuando un país y otro agotan los medios para instaurar la paz, la guerra se hace presente y los conflictos se dejan en manos de las fuerzas militares. No obstante, hoy en día las expresiones de la guerra han trascendido y se han diversificado: desde decisiones económicas que, en un mundo globalizado, terminan afectando a los países involucrados; la conformación de bloques políticos y económicos, hasta llegar a ámbitos que antes parecían ajenos, como el deporte.
Este es el caso de la confrontación geopolítica y militar entre Estados Unidos e Irán, cuya tensión terminó por alcanzar un escenario que, en principio, debería permanecer al margen de cualquier conflicto, como lo es la fiesta mundialista de fútbol de 2026, con sede en Canadá, Estados Unidos y México. Como consecuencia de la escalada de este conflicto bélico, los jugadores iraníes enfrentaron ajustes logísticos, incertidumbre y dificultades para competir. Este hecho, característico de lo que hoy llamo «las nuevas formas de guerra», provocó que parte del cuerpo técnico y de la directiva no pudiera concentrarse en territorio estadounidense, obligando a la selección iraní a establecer su campamento base en Tijuana.
Más allá de una cuestión administrativa, este episodio deja una reflexión: las diferencias entre los Estados ya no solo repercuten en los gobiernos, también alcanzan a los ciudadanos, a los atletas y a espacios concebidos para fomentar la convivencia entre las naciones. De esta manera, el fútbol, que durante décadas ha sido un símbolo de unión, termina convirtiéndose, aunque sea de manera indirecta, en un reflejo de las tensiones internacionales, que ya no solo se libran con armas, sino que también terminan impactando símbolos nacionales, como sus selecciones y los atletas que las representan.
No es la primera vez que un conflicto entre países se expresa de una forma distinta a la guerra, pues ya lo hemos visto en la relación entre Estados Unidos y China, donde los aranceles y las restricciones comerciales se han convertido en herramientas de presión; también en distintos momentos de la relación entre México y Estados Unidos, cuyas diferencias han derivado en medidas económicas con impacto para ambos países. En esta ocasión, el escenario cambió y ya no fueron los mercados ni el comercio, sino el fútbol el que terminó reflejando las consecuencias de una tensión internacional.
.