EL PACTO SOCIAL: ESPAÑA Y MARRUECOS
Las recientes tensiones entre España y Marruecos nos recuerdan que las fronteras son mucho más que un concepto diplomático: son una línea imaginaria que cobra vida cuando observamos que representa acuerdos jurídicos, históricos y políticos que permiten a los Estados ejercer su soberanía y mantener un orden internacional basado en reglas. Entonces, cuando esta línea es vulnerada o utilizada como instrumento de presión, las consecuencias suelen recaer sobre las personas, quienes viven esta realidad traducida en migración irregular y crisis humanitarias.
Independientemente de las distintas teorías que han surgido para explicar la llegada masiva de migrantes marroquíes a España, entre ellas la que sostiene que pudo haberse utilizado como un mecanismo de presión política en el contexto de las diferencias diplomáticas entre ambos países, lo cierto es que este episodio pone de manifiesto la trascendencia de las fronteras y la necesidad de privilegiar el diálogo, el respeto al derecho internacional y la cooperación entre los Estados. Lo cierto es que la ruptura del «pacto social» se ha visto reflejada en este tipo de acontecimientos.
Este hecho nos conduce a una reflexión que encuentra eco en el pensamiento de Thomas Hobbes, en su obra El Leviatán, quien sostiene que la paz no surge de manera espontánea, sino que es consecuencia de un pacto social mediante el cual las personas aceptan vivir bajo reglas comunes e instituciones capaces de garantizar el orden. En esta parte, aunque la concepción del Estado ha evolucionado con el paso del tiempo, la lógica del juego sigue siendo la misma: tanto en la política interna como en la política exterior, la convivencia pacífica depende del respeto a las reglas y a los acuerdos que hacen posible la estabilidad.
En la actualidad, ese pacto social no sólo existe al interior de los Estados, sino también entre las naciones. El respeto a las fronteras, a la soberanía y al derecho internacional constituye una expresión de ese acuerdo colectivo que busca evitar que las diferencias deriven en conflictos.
El caso de España y Marruecos no es el único ejemplo; de hecho, México también ha vivido escenarios similares, pues basta recordar las caravanas migrantes provenientes de Honduras, Guatemala, El Salvador y otras naciones de Centroamérica que, durante los últimos años, atravesaron nuestro país con la intención de llegar a los Estados Unidos. En diversos momentos, miles de personas ingresaron al territorio nacional en busca de seguridad, empleo o mejores oportunidades de vida, generando importantes desafíos para las autoridades mexicanas y un amplio debate social sobre la atención humanitaria, la capacidad institucional y los apoyos brindados a la población migrante.
Este tipo de episodios evidencian que la migración es un fenómeno complejo que exige equilibrio entre la protección de los derechos humanos, el respeto a la soberanía de los Estados y la preservación del orden público.
Quizá la mayor enseñanza de estos acontecimientos sea que las fronteras son, en realidad, líneas imaginarias que adquieren un profundo significado porque representan el consenso de los pueblos para sustituir la fuerza por el derecho y el conflicto por la cooperación, preservando así el pacto social que hace posible la convivencia pacífica entre las naciones.