Por: Iraí De La Fuente
ANALFABETISMO DIGITALES: PISA
La publicación de los resultados de PISA 2025 vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que no deberíamos evadir: ¿qué tan preparados estamos para enfrentar el mundo que ya tenemos encima? La evaluación, aplicada a estudiantes de 15 años, incorpora por primera vez un rubro específico sobre habilidades computacionales para resolver problemas, una competencia que va mucho más allá de saber utilizar una computadora o navegar en internet.
Se trata de la capacidad de utilizar herramientas de programación, desarrollar modelos, realizar experimentos, diseñar soluciones y crear productos digitales. En otras palabras, no basta con consumir tecnología, sino que hay que aprender a comprenderla, utilizarla y producir con ella.
De acuerdo con la información que se ha difundido, el Gobierno de México ha destinado 9 mil 783 millones de pesos para impulsar la alfabetización digital. Una cantidad que, por sí sola, resulta difícil de dimensionar.
Para poner este dato en justa perspectiva, equivale a más de 9 mil millones de pesos que podrían representar una transformación importante en las condiciones de aprendizaje de millones de estudiantes. Sin embargo, cuando observamos los resultados de PISA en el campo de habilidades computacionales, la pregunta inevitable es si ese esfuerzo económico se está traduciendo en las capacidades que los jóvenes necesitan.
La gráfica de la OCDE muestra una realidad preocupante: mientras países como Japón, Estonia, Corea y Australia concentran una proporción importante de sus estudiantes en los niveles más altos de desempeño, México aparece en la parte baja de la clasificación.
Este resultado también obliga a revisar una de las principales apuestas educativas del actual Gobierno: la Nueva Escuela Mexicana. Su planteamiento busca transformar la educación mediante una formación integral, el pensamiento crítico, la inclusión y la vinculación de los aprendizajes con la realidad. Sin embargo, una política educativa también debe demostrar que sus estudiantes están adquiriendo conocimientos y habilidades suficientes para enfrentar los desafíos de su tiempo.
De acuerdo con el modelo de evaluación PISA, en este rubro, el nivel 1 representa una pésima posición en el tablero; el nivel 3 considera que existe evolución, y los niveles 4, 5 y 6 consideran que la alfabetización está en un momento de consolidación. En este caso, México se posiciona en el nivel 1, por lo cual es necesario preguntar: ¿cuál es el efecto de los miles de millones destinados a este rubro?, o ¿cómo es que, a pesar del apoyo, los resultados no sean favorables?
PISA no es el único instrumento para evaluar la educación, pero tampoco puede desestimarse cuando muestra una debilidad concreta. Es difícil hablar de la Nueva Escuela Mexicana sin preguntarnos qué está haciendo para que los estudiantes desarrollen las habilidades que exige el mundo actual. Día con día, la inversión ya está anunciada; lo que corresponde es saber si existe una estrategia y un rumbo claros para que las nuevas tecnologías se conviertan en aprendizaje.
Hoy el debate no debería ser cuánto dinero se destina, sino quitar la duda sobre si el recurso está contribuyendo a formar jóvenes capaces de aprovechar las herramientas que definirán su futuro.
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