Veracruz: entre la violencia impune, la omisión institucional y el espejismo del Bienestar
Por: Alejandro Flores de la Parra.
En Veracruz, la tierra donde los ríos abundan pero el estado de derecho se seca, la violencia se ha convertido en rutina, la impunidad en costumbre y la desvergüenza política en política pública. La reciente muerte de Irma Hernández Cruz, una maestra jubilada que manejaba un taxi para sobrevivir, encapsula con brutal claridad, todo lo que está mal en el sistema político y de seguridad mexicano, especialmente en las entidades gobernadas por Morena, como Veracruz.
Irma fue secuestrada, amenazada por sicarios, obligada a grabar un video en el que suplicaba por su vida, y posteriormente asesinada. El gobierno de Veracruz, encabezado por Rocío Nahle, se apresuró a declarar que la causa de muerte fue un infarto. Literalmente. Un infarto. Como si las amenazas, el secuestro, el terror absoluto y la exposición pública no fueran suficientes para provocarlo. Como si la violencia fuera una anécdota médica y no una responsabilidad política.
Pero más allá de la indolencia institucional, lo que duele es el retrato de país que deja el caso: una mujer que dedicó su vida a la educación pública, obligada a seguir trabajando en la informalidad, en uno de los oficios más expuestos al crimen organizado: el transporte público. ¿No se suponía que los programas sociales de la 4T eran para garantizar una vida digna a los adultos mayores, a los jubilados, a los que ya cumplieron? Irma no solo fue víctima del narco, sino del fracaso estructural del sistema de Bienestar. O los apoyos no llegan a quien deben, o su efecto es tan simbólico como las conferencias mañaneras: mucha palabra, poca sustancia.
Según datos del INEGI, en 2023 más del 28% de los adultos mayores en Veracruz se encontraban en condiciones de pobreza. Y aunque el gobierno federal ha presumido un aumento sustancial al programa de pensiones, la realidad cotidiana contradice el discurso triunfalista. La economía local sigue dependiendo de trabajos informales y expuestos, como el de taxista, y los niveles de violencia hacen que cualquier esfuerzo de desarrollo se disuelva en pólvora.
La estrategia de seguridad: abrazos, excusas y estadísticas que duelen.
La muerte de Irma no es un caso aislado. Es parte de una larga cadena de crímenes ligados al cobro de piso, una forma de extorsión que ha dejado de ser noticia porque se ha vuelto paisaje. En Veracruz, como en muchas otras entidades morenistas, la estrategia de seguridad parece resumirse en tres acciones: negar, minimizar y repartir culpas.
De acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, entre enero y junio de 2025, Veracruz registró 1,187 homicidios dolosos, una cifra apenas inferior a la de 2024, lo que demuestra que el famoso “control territorial” que prometió el gobierno simplemente no existe. En el mismo periodo, se reportaron 2,410 extorsiones y 3,221 desapariciones, muchas de ellas en municipios donde el crimen organizado actúa con más libertad que los alcaldes.
La inoperancia del gobierno estatal va de la mano con el legado opaco de su antecesor, Cuitláhuac García, otro gobernador morenista cuya honestidad ha sido defendida por Claudia Sheinbaum con frases dignas del realismo mágico: “faltas administrativas menores”, “tiene buena fama pública”, “es un gran trabajador”. Todo esto a pesar de que la Auditoría Superior de la Federación ha detectado irregularidades por más de 4 mil millones de pesos durante su administración, principalmente en los rubros de salud, educación y obra pública. En un país serio, estas observaciones serían motivo de escándalo y sanciones; en la 4T, son méritos para el bronce.
Nahle: la frialdad como doctrina.
Pero si algo ha indignado más que la violencia en sí, ha sido la reacción de la gobernadora Rocío Nahle. Fría, parca, incluso molesta por tener que hablar del tema, Nahle ha repetido que Irma “murió de un infarto”, como si eso eximiera a su gobierno de toda responsabilidad. Su tono no ha sido de solidaridad, ni de empatía, sino de fastidio. Y eso dice más que mil comunicados.
Peor aún, en lugar de coordinar acciones reales de protección a los taxistas y al gremio educativo (dos de los más golpeados por la delincuencia en el estado), Nahle ha preferido enfrascarse en un discurso de negación, mientras Claudia Sheinbaum, desde la capital, lanza frases institucionales vacías que suenan a condolencia de protocolo. En un país donde cada día hay más de 80 homicidios y más de 12 mujeres asesinadas, estas reacciones son no solo insuficientes, sino insultantes.
¿Veracruz avanza? Solo si se mide en discursos.
El caso de Irma Hernández Cruz no puede ni debe ser olvidado. No solo por la brutalidad del crimen, sino por todo lo que representa: el colapso de la seguridad pública, la fragilidad del estado de derecho, la falsedad de los programas sociales como escudo contra la pobreza, y la indiferencia del poder frente al dolor de los ciudadanos.
Veracruz (y todo México), no necesita más excusas, necesita gobernantes con valor y sensibilidad. Mientras eso no ocurra, la entidad seguirá siendo símbolo del México que se cae a pedazos entre las manos de quienes prometieron transformarlo. Irma no murió de un infarto. La mató el miedo, la injusticia, la precariedad… y el silencio cómplice del poder.
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