Por Juvenal Rosales Flores.
¿Durango está listo para una reforma electoral que homologue elecciones?
¿Durango está listo para una reforma electoral que homologue elecciones? La pregunta no es menor. Desde la reforma político-electoral de 2014, México sentó las bases para reorganizar la vida democrática y estableció que las entidades federativas debían realizar al menos una elección local en la misma fecha que la federal. La intención en ese momento era clara; reducir el número de procesos electorales, combatir la fatiga ciudadana y hacer más eficiente la democracia.
En ese momento, Durango atendió ese mandato. El Congreso del Estado aprobó cambios legales para que, en 2018, por primera vez, las elecciones de diputados locales coincidieran con las federales. Para ello, los legisladores elegidos en 2016 cumplieron un periodo de solo dos años, ajustando el calendario al nuevo esquema. Desde entonces, los duranguenses eligen a sus diputados locales cada tres años, al mismo tiempo que votan diputados federales y senadores, en una ocasión.
La medida representó un avance, pero fue insuficiente. La homologación solo abarcó a los diputados locales. Los ayuntamientos y la gubernatura mantienen sus propios ciclos, lo que ha generado un escenario de sobreexposición electoral. Durante un sexenio promedio, Durango celebra entre cuatro y cinco procesos electorales, un ritmo que no solo resulta costoso, sino que comienza a provocar hartazgo social.
Ese desgaste es evidente. La ciudadanía se enfrenta a campañas constantes, mensajes repetitivos y promesas recicladas. En lugar de fortalecer la participación, el exceso de elecciones ha debilitado el interés colectivo. Hoy, buena parte del electorado vota más por inercia que por convicción, y no es raro escuchar a ciudadanos que ya no distinguen entre una elección local y una federal.
Por eso ha llamado la atención la propuesta del diputado federal del Partido Verde Ecologista de México, Gerardo Villarreal Solís, quien recientemente puso sobre la mesa la urgencia de una reforma electoral local. En sus palabras, Durango no puede seguir atrapado en una dinámica de elecciones interminables. “Ya es momento de que se nos empiece a cansar y a fatigar”, dijo, y tiene razón. El calendario actual ya no es funcional ni sostenible.
Villarreal Solís plantea que se abra el debate para homologar el resto de las elecciones locales con las federales, particularmente las de presidentes municipales y gobernador. Esto implicaría una reforma profunda, que no solo modificaría los tiempos, sino también las reglas, los periodos de mandato y la manera en que los partidos planifican sus estrategias territoriales.
No faltan voces críticas. Hay quienes temen que una elección única reste visibilidad a los candidatos locales y que los temas nacionales opaquen las agendas municipales o estatales. También hay quienes creen que el electorado terminaría votando en bloque, arrastrado por la figura presidencial, lo que favorecería artificialmente al partido en el poder.
Pero hay otra cara de la moneda. La homologación permitiría campañas más ordenadas, menos costosas y con tiempos mejor definidos. Se reduciría la presión financiera sobre el Instituto Electoral y los partidos políticos, se evitarían elecciones intermedias con baja participación, y la ciudadanía podría concentrar su atención en una sola jornada verdaderamente decisiva cada tres años.
¿Refrendaría la gente su voto al partido en el gobierno si se empatan todos los procesos? Posiblemente en algunos casos sí, pero no hay garantías. La dinámica del voto ha cambiado; hoy los ciudadanos evalúan con mayor rigor la gestión local, separándola —cuando es necesario— de las narrativas nacionales. Homologar no significa uniformar el voto, significa darle contexto y orden al ejercicio democrático.
Para lograrlo, sería necesario un acuerdo amplio entre los partidos representados en el Congreso local; PRI, PAN, Morena y Movimiento Ciudadano, así como disposición para enfrentar las consecuencias políticas de alargar o acortar mandatos. No sería una reforma sencilla ni inmediata, pero sí posible, si se parte del interés colectivo antes que del cálculo electoral.
Durango ya demostró en 2018 que puede adaptarse. La sincronización de las elecciones de diputados locales con las federales fue un primer paso. Pero seis años después, el modelo quedó a medias. El estado sigue anclado en un sistema que desgasta, desincentiva y confunde. Avanzar hacia una homologación total no solo es viable, es necesario.
Porque una democracia no se mide por la cantidad de veces que se vota, sino por la calidad de cada elección. Y hoy, en Durango, la calidad se ve comprometida por la saturación. La pregunta vuelve al centro del debate: ¿estamos listos para una reforma electoral integral? Todo indica que sí. Solo falta voluntad política.
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