Por: Juvenal Rosales Flores
Eliminación de plurinominales una promesa que nunca llega.
Desde hace al menos dos décadas, la eliminación de los diputados y senadores plurinominales ha sido un tema recurrente en la conversación política de México. Una propuesta que, aunque suena popular y sencilla de justificar frente a la ciudadanía, ha terminado siendo una de las reformas más saboteadas por los propios partidos políticos. ¿Por qué? Porque, para bien o para mal, los pluris son un instrumento de poder demasiado valioso para dejarlo ir.
La figura de los plurinominales nace en 1977 con la reforma política impulsada por Jesús Reyes Heroles. Su objetivo era permitir la representación de las minorías, garantizar la pluralidad en el Congreso de la Unión y abrir espacio a fuerzas políticas que no podían competir en igualdad de condiciones con el entonces hegemónico PRI. Fue, en su momento, una medida democratizadora.
Sin embargo, el contexto ha cambiado. Hoy los partidos que dominan la Cámara de Diputados y Senadores, Morena y sus aliados; así como el PRI, PAN y MC son estructuras sólidas que ya no dependen de los plurinominales para sobrevivir, pero sí para controlar internamente a sus bancadas. Los “pluris” sirven para premiar lealtades, colocar cuadros que perdieron en las urnas y garantizar la continuidad de liderazgos nacionales en las cámaras legislativas.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha retomado esta vieja bandera y ha anunciado que, como parte de su paquete de reformas constitucionales, propondrá la eliminación de los legisladores de representación proporcional. La iniciativa será presentada en septiembre. Su argumento es que se busca una democracia más austera, directa y eficiente, que responda a los votos reales emitidos por la ciudadanía.
Sheinbaum Pardo asegura que el objetivo es combatir el dispendio y la falta de conexión entre los ciudadanos y los diputados o senadores que entran por lista. Sin embargo, al igual que López Obrador en su momento, enfrenta un dilema: necesita mayoría calificada para modificar la Constitución. Y aunque Morena y aliados tendrán mayoría en ambas cámaras, aún está por verse si lograrán los votos necesarios para concretar la reforma.
Los partidos políticos, en privado, reconocen que los plurinominales son útiles para la operación política. Morena los usa para asegurar una mayoría calificada o colocar perfiles afines al presidente; el PAN para equilibrar liderazgos regionales y consolidar su ideología; el PRI para sostener a sus cuadros históricos ante el desgaste en los estados; y los partidos pequeños para sobrevivir en el reparto de espacios, aún con porcentajes bajos de votación.
El problema con eliminarlos no es solo técnico, es profundamente político ya que implicaría que los partidos renuncien a cuotas de poder que les permiten negociar, premiar, castigar o blindar intereses. Por eso, aunque cada tanto todos afirman estar “a favor” de su desaparición, cuando llega el momento de votar la reforma, siempre hay un pretexto: “no hay condiciones”, “falta una reforma más integral” o “no es el momento adecuado”.
Otra razón para su permanencia es que, pese a la crítica pública, los plurinominales sí han permitido que perfiles técnicos, académicos o de sectores vulnerables lleguen al Congreso, sin necesidad de competir en procesos electorales donde el clientelismo o la popularidad pesan más que el conocimiento o la trayectoria.
Además, eliminar los plurinominales sin una reforma más amplia al sistema electoral podría tener efectos negativos; como es la sobrerrepresentación de la mayoría, desaparición de la oposición, pérdida de contrapesos. Una Cámara sin representación proporcional sería un Congreso al servicio del partido dominante, lo que en sí mismo es un riesgo para la democracia.
La oposición ha reaccionado con cautela ante el anuncio de Sheinbaum. El PAN ya adelantó su rechazo y acusa que con la desaparición de los pluris se pretende consolidar un poder hegemónico. El PRI está dividido; mientras algunos líderes nacionales han dicho estar dispuestos a debatir el tema, sus legisladores locales no lo ven con buenos ojos. Movimiento Ciudadano, por su parte, ven la propuesta como un intento de debilitar a las minorías.
En resumen, la eliminación de los plurinominales ha sido una promesa repetida y frenada muchas veces. No porque sea imposible, sino porque va en contra de los intereses de los partidos que tendrían que aprobarla. Ahora será Claudia Sheinbaum quien intente lo que otros no han logrado. La pregunta es si realmente quiere eliminarlos… o sólo seguir usándolos como bandera de legitimidad democrática.
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