Morena “congela” la revocación, no el cálculo electoral de 2027.
Por: Juvenal Rosales Flores
El hecho que Morena haya decidió “congelar”, al menos por ahora, la discusión de la iniciativa que busca adelantar la consulta de Revocación de Mandato de la presidenta Claudia Sheinbaum, con el fin de empatarla con las elecciones intermedias de 2027; no debe interpretarse como un desistimiento, sino como una jugada política cuidadosamente cuidada, el partido guinda sabe que el tiempo es parte de la estrategia.
La propuesta, presentada por Alfonso Ramírez Cuéllar, vicecoordinador de la bancada de Morena en la Cámara de Diputados, busca reformar la Constitución Política Federal para que la posible consulta se realice el mismo día que las elecciones intermedias, el 6 de junio de 2027. Es decir, se trata de unir en una sola jornada la renovación de la Cámara de Diputados, 17 gubernaturas y la votación sobre la continuidad presidencial.
Sin embargo, el verdadero campo de batalla de 2027 no estará solo en las urnas locales, sino en la narrativa nacional. Morena buscará que la revocación sea un voto de confianza hacia la presidenta; la oposición intentará que se convierta en un plebiscito sobre el desgaste del poder. En ese escenario, la consulta podría transformarse en un termómetro político decisivo, no para revocar a Sheinbaum, sino para medir la temperatura real del país.
No perdamos de vista que la Ley Federal de Revocación de Mandato establece que el proceso puede solicitarse durante los tres meses posteriores a la conclusión del tercer año de gobierno, lo que en este caso sería entre octubre, noviembre o diciembre de 2027, pues Claudia Sheinbaum asumió el poder el 1 de octubre de 2024. En teoría, el ejercicio ciudadano ocurriría meses después de las elecciones intermedias.
El argumento público del oficialismo es el ahorro de recursos y el impulso a la participación ciudadana; pero la lectura electoral va mucho más allá. No olvidemos que, en el 2022, el expresidente Andrés Manuel López Obrador quiso que su consulta coincidiera con las elecciones de 2021, pero el Congreso lo impidió; por ello este ejercicio se celebró en abril de 2022, con 15.1 millones de participantes (17.7% del padrón), sin alcanzar el 40% necesario para ser vinculante. Para Morena, aquel episodio dejó una lección; sin concurrencia electoral, la revocación pierde fuerza simbólica y legitimidad.
Por eso la insistencia. En 2027 estarán en juego 1 7gubernaturas (12 hoy en manos de Morena y sus aliados), además de la totalidad de la Cámara de Diputados. Si la consulta se celebra el mismo día, el arrastre del nombre de la presidenta en las boletas podría darle al partido una ventaja considerable frente a la oposición. No es ahorro de recursos, es cálculo electoral.
Desde el PRI y el PAN ya se ha advertido que la iniciativa busca “meter a Claudia Sheinbaum en las boletas” para apuntalar la permanencia del bloque oficialista y como un intento de Morena por blindarse ante la posibilidad de perder la mayoría calificada en San Lázaro. Movimiento Ciudadano, por su parte, lo ve como una manipulación del sentido original de la revocación, que debería ser un mecanismo ciudadano, no una estrategia de propaganda política.
El contexto nacional también explica la pausa. Morena sabe que el humor social cambia y que la evaluación ciudadana de Sheinbaum dependerá del desempeño de su gobierno en temas sensibles, seguridad, crecimiento económico, relación con los estados y políticas sociales. Acelerar la reforma en este momento podría enviar la señal equivocada, sobre todo cuando la presidenta aún se encuentra en su primer año de gestión.
Congelar la discusión es, en realidad, ganar tiempo. Morena podría retomar el tema en 2026, cuando tenga una lectura más clara del ánimo del electorado y del balance político de los gobiernos estatales. Si la popularidad de Sheinbaum se mantiene sólida, empatar la revocación con las elecciones intermedias podría ser el golpe de efecto perfecto para consolidar su liderazgo y asegurar el control legislativo.
En el fondo, la revocación de mandato, concebida como un mecanismo de control ciudadano, se perfila como una herramienta electoral más. Lo que está en juego no es solo el mandato de la presidenta, sino el futuro equilibrio de poder en México. Y Morena lo sabe, en política, los tiempos lo son todo.
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