¿Un drenaje pluvial integral para toda la ciudad de Durango?
Juvenal Rosales Flores
Acontecer Político
La tormenta que azotó antier a gran parte de la ciudad de Durango pasará a la historia como uno de esos fenómenos que exhiben, que la capital sigue creciendo más rápido que su infraestructura, donde bastaron unas horas de lluvia intensa para alterar la vida cotidiana de miles de familias; pero que muestran a la vez que es momento de construir una estrategia de colector pluvial integral de largo plazo que involucre a los tres órdenes de gobierno.
Lo más llamativo es que los pronósticos meteorológicos no anticipaban un evento de la magnitud que finalmente se presentó, ya que se esperaba lluvia, sí, pero no una precipitación extraordinaria que terminara por rebasar la capacidad de respuesta de prácticamente todas las instituciones involucradas; por lo que la naturaleza volvió a demostrar que no siempre sigue los modelos previstos.
Colonias completamente inundadas, avenidas convertidas en ríos, vehículos varados o arrastrados por la corriente, negocios afectados y oficinas gubernamentales con daños materiales. En distintos puntos de la ciudad el agua encontró su propio cauce, dejando pérdidas económicas y una enorme preocupación entre la población.
Mientras que por otras zonas las precipitaciones fueron moderadas, en buena parte del resto de la capital el panorama era completamente distinto. La diferencia entre un sector y otro dejó en evidencia que el comportamiento de este tipo de tormentas puede ser extremadamente localizado, concentrando enormes volúmenes de agua en pocos minutos.
La respuesta institucional movilizó a la Comisión Federal de Electricidad, Aguas del Municipio, Protección Civil, corporaciones de seguridad, bomberos y diversas dependencias estatales y municipales; todos participaron en las labores de auxilio, pero la realidad es que ningún operativo estaba preparado para enfrentar un fenómeno de semejante intensidad.
No se trata únicamente de señalar responsabilidades. También hay que reconocer que fue un evento extraordinario; sin embargo, precisamente para eso existe la planeación urbana y el municipio que encabeza Toño Ochoa está haciendo su parte para reducir riesgos cuando llegan las contingencias que, aunque poco frecuentes, terminan ocurriendo.
Aun así, las afectaciones se extendieron hasta el día siguiente. Diversas oficinas gubernamentales suspendieron actividades, algunas sucursales bancarias no pudieron brindar servicio y buena parte del Centro Histórico permaneció sin energía eléctrica hasta el mediodía, lo que evidenció el impacto económico que una tormenta de estas dimensiones puede generar en cuestión de horas.
Las mayores penurias las enfrentaron los automovilistas atrapados en vialidades inundadas, los peatones que quedaron incomunicados, los comerciantes que vieron entrar el agua a sus establecimientos y cientos de familias que tuvieron que proteger sus viviendas como pudieron.
Uno de los temas que inevitablemente vuelve al debate es la infraestructura hidráulica. Durante años se han construido colectores pluviales para atender los puntos más críticos de la ciudad, obras importantes que han mitigado problemas en determinadas zonas, pero que hoy parecen insuficientes frente al crecimiento urbano y a fenómenos meteorológicos cada vez más intensos.
El colector pluvial Jalisco, considerado en su momento una obra necesaria y positiva, tendrá que ser evaluado nuevamente. No porque haya sido un error construirlo, sino porque las condiciones actuales obligan a revisar su capacidad, realizar adecuaciones y proyectar nuevas etapas que respondan a una realidad distinta.
La pregunta obligada es qué sigue. La respuesta no puede limitarse a reparar los daños de esta semana, por lo que es momento de construir una estrategia de largo plazo que involucre a los tres órdenes de gobierno, especialistas en desarrollo urbano, instituciones académicas y organismos de protección civil para rediseñar la infraestructura pluvial de la capital.
Pero la ciudadanía también tiene responsabilidades. Mantener limpias calles y alcantarillas, evitar arrojar basura a la vía pública, respetar las recomendaciones de Protección Civil, no intentar cruzar corrientes de agua y reportar oportunamente situaciones de riesgo son acciones que pueden marcar la diferencia entre un incidente y una tragedia.
Quizá ha llegado el momento de retomar un proyecto integral de drenaje pluvial para toda la ciudad de Durango. No soluciones aisladas para puntos específicos, sino una visión metropolitana que contemple nuevos colectores, ampliación de la red existente, infraestructura verde, zonas de absorción y una planeación urbana acorde con los desafíos climáticos del presente.
Las tormentas extraordinarias seguirán llegando. La diferencia estará en la capacidad que tenga Durango para aprender de cada experiencia y convertir las emergencias en oportunidades para fortalecer su infraestructura. Porque la lluvia no puede evitarse, pero sus consecuencias sí pueden reducirse cuando la prevención, la inversión y la corresponsabilidad ciudadana se convierten en una política permanente.
