Por: Felipe Correa
La “renovación de las encuestadoras”
La actual “renovación de las encuestadoras” en México no es casual. Tampoco es producto del azar ni de una simple coyuntura. Responde a un esfuerzo por dotar a las empresas dedicadas a medir preferencias, opiniones y tendencias sociales de mayor credibilidad, así como de herramientas más amplias para el desarrollo de sus ejercicios.
El sector de las encuestas atraviesa una etapa de adaptación acelerada, impulsada tanto por cambios tecnológicos como sociales. A ello se suman los avances en inteligencia artificial (IA), la automatización y los nuevos métodos de recolección de datos, diseñados para enfrentar desafíos crecientes: la disminución en las tasas de respuesta, los sesgos en las muestras y el rechazo de amplios sectores de la población a participar en ejercicios de opinión.
Hoy, las encuestas siguen siendo —y seguirán siendo— una fotografía puntual de un momento, un territorio y un segmento demográfico específico. Fuera de ese marco, cualquier medición perdería sentido y rigor – en un sentido estrictamente metodológico- . De ahí que algunas empresas hayan mostrado comportamientos poco habituales en su intento por mantener relevancia y alcance.
Llamaremos “comportamientos inusuales” a acciones emprendidas por ciertas encuestadoras en México para captar la atención del público: desde rifas de artículos y regalos, hasta transmisiones en vivo para presentar resultados, además de campañas visuales que ya no solo buscan difundir datos, sino posicionar a la propia empresa que los produce.
El uso de IA y herramientas automatizadas ha resultado ventajoso para muchas firmas, pues agiliza procesos y reduce costos. Sin embargo, también ha abierto interrogantes: ¿los datos presentados son completamente confiables? ¿Existe riesgo de que los algoritmos manipulen o interpreten de forma sesgada la información? La IA es esencial para analizar grandes volúmenes de datos de manera rápida y precisa, pero ni su programación ni sus algoritmos pueden predecir el futuro. Su capacidad para identificar patrones y factores comunes produce resultados ágiles y sustentados, pero puede invisibilizar a quienes no encajan en las tendencias dominantes. La inclusión, por ello, debe ocupar un papel central para anticipar problemas, disensos y posibles fracturas sociales.
Hoy las encuestadoras operan en un entorno cada vez más exigente. Su principal activo sigue siendo la precisión: tener la primicia, entregar datos confiables y, en épocas electorales, acercarse lo más posible a los resultados definitivos. No obstante, enfrentan factores que las presionan y transforman:
• Una creciente competitividad electoral.
• Un enfoque errático en la experiencia del encuestado.
• La necesidad de abrir bases de datos y fortalecer la transparencia.
• La exigencia de metodologías rigurosas y accesibles.
• La obligación de explicar claramente cómo se obtuvieron los resultados.
La Asociación Mexicana de Agencias de Inteligencia de Mercado y Opinión (AMAI), fundada en 1992, sigue siendo el organismo de referencia que agrupa y orienta a la mayor parte de la industria dedicada a generar y transformar datos para la toma de decisiones. Sus integrantes reconocen que enfrentan desafíos significativos: el enorme volumen de datos disponibles que dificulta evaluar su calidad; la priorización de la inmediatez sobre la precisión; la falta de rigor metodológico en algunas empresas; la velocidad de los avances tecnológicos que hace difícil distinguir entre herramientas verdaderamente útiles y simples innovaciones pasajeras; y la creciente tendencia de algunos clientes a realizar investigaciones por cuenta propia, sin la profundidad ni el expertise necesarios.
La renovación del sector, en consecuencia, no es solo un cambio técnico: es una transformación estructural que debe redefinir cómo se mide, interpreta, desarrolla, aplica, simplifica y comunica a la opinión pública en México y Latinoamerica.
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